sábado

Jesús envió a sus apóstoles


Por. Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar

14-Junio-2020.
XI. dom.ord.ciclo: "A".
Ex 19, 2-6;Sal 99; Rom 5, 6-11; Mt 9, 36-10, 8.

"Jesús envió a sus apóstoles con instrucciones".


Este domingo el mensaje de Jesús en claro: Invita a doce hombres para que le ayuden en su misión que Dios Padre le encomendara; la instauración del Reino de los cielos.

¿Qué significa implementar el Reino de los cielos o de Dios entre nosotros?

Significa, trabajar o hacer posible un ambiente de misericordia para con los demás. El mismo Evangelio de San Mateo nos lo dice: "Jesús se compadecía de las multitudes, porque estaban extenuadas y desamparadas como ovejas sin pastor".

También el Reino significa: Hacer signos y prodigios sensibles en beneficio de nuestros semejantes. la Palabra lo dice: "Les dio poder para expulsar a los espíritus inmundos y curar toda clase de enfermedades y dolencias". 


Es por ello, que Jesús invitó aquellos hombres para hacer posible su Reino entre nosotros y los envió para manifestar las obras de Dios.


La propuesta de Jesús hoy es, que nos sigue invitando a continuar con su misión de la instauración del Reino, cuando vivimos en Solidaridad, justicia, paz, hermandad y amor.

Para que esto sea posible, Jesús nos dice, pidamos en oración a nuestro Padre Dios, dado que haya más mujeres y varones, Jóvenes y niños que estén dispuestos a vivir y a enseñar el mensaje de Dios. De tal manera, podamos construir una sociedad donde cada día seamos más humanos, más fraternos y más cristianos. Ese es el Reino que Jesús quiere construir entre nosotros.




viernes

La luz de Cristo que nos ilumina para la vida




Por Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar


15 de marzo de 2026.
IV.dom.Cuaresma.ciclo. “A”.
1 Sam 16, 1. 6-7. 10-13; Sal 22, 1-3a. 3b-4.5.6; Ef 5, 8-14; Jn 9 1-41.



“Fue se lavó y volvió con vista”

Estamos ya en el cuarto domingo de Cuaresma, preparándonos para la Pascua. Es un tiempo fuerte para nosotros los cristianos, pues damos pasos firmes hacia la conversión, la penitencia, el ayuno y la caridad. De esta manera, disponemos el espíritu para la pasión, muerte y resurrección de Cristo.

     Sin embargo, nos ha tocado vivir este tiempo en un contexto global convulso. El mundo enfrenta conflictos en diversos puntos: la tensión entre Estados Unidos e Israel contra Irán; la guerra en Ucrania, que suma ya cuatro años de enfrentamiento contra Rusia; y las recientes luchas entre Pakistán y Afganistán. Aquí en México, padecemos un estado de terror sembrado en la población, evidenciado por la quema de establecimientos en más de 20 estados de la República. Ante este panorama violento, tanto nacional como internacional, se desarrolla nuestra Cuaresma.

       Las lecturas de este domingo nos invitan a reflexionar sobre la luz. El primer libro de Samuel relata la búsqueda del nuevo rey de Israel; en ella, el profeta, como hombre de Dios, no busca entre los hijos de Jesé al más alto, al más fuerte ni al más sabio, sino al más sencillo: David, el menor y pastor de la familia. Al ser ungido, el Señor nos regala esta máxima: “El hombre se fija en las apariencias, pero el Señor se fija en los corazones”.

     Por su parte, el Salmo 22 refuerza este tema de iluminación: “Me guía por el sendero recto; así, aunque camine por cañadas oscuras, nada temo porque tú estás conmigo”. El mismo salmo responde a ese ungido, David, quien prefigura a Cristo, el Ungido por excelencia.

     San Pablo, en su carta a los Efesios, aborda de lleno la enseñanza de la luz: “En otro tiempo ustedes fueron tinieblas, pero ahora, unidos al Señor, son luz”. Y nos exhorta: “Vivan, por lo tanto, como hijos de la luz”. Esa luz, como dice el apóstol, es bondad, santidad y verdad. Finalmente, nos invita a rechazar las obras de las tinieblas, que son estériles, pues “todo lo iluminado por la luz se convierte en luz”. Pablo nos propone un principio revelador de la vida interior: la iluminación. Esto se traduce en una experiencia profunda de Dios que transforma nuestra existencia en amor, paz, mansedumbre y unidad. Sin ella, caemos en la oscuridad o en la “muerte espiritual”. A esto se refería Jesús con la frase: “Dejen que los muertos entierren a sus muertos”: hablaba de quienes carecen de vida en el espíritu.

    Finalmente, el Evangelio de San Juan narra la historia del ciego de nacimiento, aquel que vivía en sombras. En este relato, Jesús le devuelve la salud al ungir simbólicamente sus ojos con lodo y saliva, enviándolo a lavarse a la fuente de Siloé para recobrar la vista. Este milagro incomoda a los fariseos y provoca la humillación del hombre sanado, quien valientemente reconoce a Jesús como “luz del mundo”, profeta, Mesías y Dios, postrándose para adorarlo.

Por ello, la propuesta de Jesús hoy es:

  • Profundizar en nuestra vida espiritual para alcanzar esa iluminación necesaria que genere frutos en nuestra familia, comunidad e Iglesia.

  • Discernir lo que consumimos, como al apagar el televisor cuando los programas no nos edifican; no todo lo que vemos o escuchamos es lo que realmente necesita nuestro corazón.

  • Ser “luz” para los demás mediante acciones concretas, como llevar alimento o consuelo a quienes esperan en las salas de urgencias de hospitales y clínicas.

Que, a través de nuestro testimonio, podamos decir con la misma certeza del ciego: Solo sé que yo era ciego y ahora veo”.

   

El agua que da vida





 Por Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar

15-Marzo-2020.
III. dom. de cuaresma.
Ex 17, 3-7; Sal 94, 1-2. 6-7. 8-9; Rom 5, 1-2. 5-8; Jn 4, 5-42.

“Un manantial capaz de dar la vida eterna”

Llegamos al tercer domingo de cuaresma, seguimos el camino de cambio y conversión, sino lo hemos hecho nos queda todavía tiempo para tomar esta senda que nos llevará a la Pascua. Por ello, las lecturas de la Palabra se centran en el tema del agua. El agua en el cristianismo simboliza limpieza, gracia, renovación. Por eso en la lectura de Éxodo, nos narra el acontecimiento de Moisés que el Pueblo de Israel en el desierto tiene sed y entonces el patriarca liberador va con los ancianos (principales) del pueblo y golpea la roca donde está Dios y de ahí brota abundante agua para saciar la sed. 

    El mismo Salmo 94 nos da la referencia de ese hecho histórico del pueblo liberado que tuvo la rebelión de Meribá y de Masá, por la sed y la carencia de agua: la falta de fe de aquel pueblo que se rebelaba a su Dios y fue con la acción de Moisés dónde Dios se manifestó al brotar agua de la roca para dar  testimonio de su poder. 

Por su parte el magisterio que nos hace San Pablo a los Romanos, nos habla de la gracia que Dios nos hace al derramar en nuestros corazones al Espíritu Santo que será para nosotros esa fuente de “agua viva” de la gracia que podemos vaciarla a los demás. 

Finalmente el Evangelio de Juan, es una lectura extensa y no se agota en una sola reflexión por ser abundante en contenido. En ella nos narra la historia de la mujer samaritana que en el pozo de agua de Jacob, descubre, por todo lo que Jesús le dice, que él es el Mesías el Cristo. Jesús le expresa que él da el agua que sacia la sed para siempre. Este Evangelio es una parábola, se representa a todos nosotros. El Evangelio de Jesús es fuente de agua viva, que nos trasforma (limpia) para ser sus seguidores (discípulos) y evangelizadores.

Por eso, en este tercer domingo de cuaresma, la Propuesta de Jesús hoy nos invita a:

+Vivir como comunidad parroquial o movimiento nuestro carisma que debemos ponerlo en servicio a los demás y no dormirnos en nuestros laureles. 

+A que como familia en nuestro barrio nos pongamos en servicio con los vecinos para vivir una fraternidad comunitaria, que nos lleve a mejorar el ambiente en que nos encontramos. 

+Que nuestra persona sea signo de “agua viva” que brote de nuestro interior al apoyar y ayudar en nuestra parroquia o comunidad, para que los demás sacien su “sed” de hermandad, comprensión o consuelo.

Para que de tal manera podamos decir: “…tengo por comida un alimento que ustedes no conocen…mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra [y Saciarlos con el agua que da la vida]”.


El llamado que Dios nos hace a transformarnos en mejores cristianos




Por Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar


1 de Marzo de 2026.
II dom. Cuaresma. Ciclo. “A”.
Gén 12, 1-4; Salm 32, 4-5. 18-20. 22;  2Tim 1, 8-10; Mt 17, 1-9.


“Su rostro se puso resplandeciente como el sol”.

Estamos arribando al segundo domingo de cuaresma. Tiempo fuerte, especial, para la Iglesia porque significa una preparación para la Pascua. Es momento de reflexión, de conversión (cambiar o mudar la vida), de penitencia o Ascesis. Para los cristianos este tiempo debiera de ser un alto en nuestra vida y ver que estamos haciendo y qué deberíamos estar cambiando de nuestra vida.  Por ello las lecturas de la liturgia nos proponen el tema del seguimiento de Jesús.

     La primera lectura del libro de Génesis nos habla del llamado que le hace Dios al patriarca Abraham, de ser un padre para el pueblo elegido por Dios. Cómo con la gran fe de este hombre tiene  para que parta a esa tierra prometida con la bendición de Dios. Es la vocación de este padre de Israel, y a la vez su respuesta a ese llamado lo que hace de este personaje algo grande a los "ojos" de Dios y una bendición para su pueblo y todos los de la tierra.

    El Salmo 32 nos da algunas claves que reafirman la respuesta pronta y sin vacilación de Abraham al llamado que le hace Dios, al decirnos: “Sincera es la palabra del Señor y todas sus acciones son leales”...Y continua diciendo en el salmo; “Cuida el Señor de aquellos que le temen y en su bondad confían”. Con ellos nos dice que fue la fe de aquel patriarca la que Dios premió bendiciéndole a él y a su heredad.

    Pablo con la misma sintonía sigue la segunda carta a Timoteo, donde nos dice que Dios nos ha llamado a consagrar nuestra vida, como un don o regalo que nos hace, no por nuestros méritos sino por pura gracia. Y al final hay un versículo en la lectura que nos comunica con el Evangelio de Mateo que hoy se proclama; “…Cristo Jesús, nuestro Salvador, que destruyó la muerte y ha hecho brillar la luz de la vida y la inmortalidad”. Directamente nos remite a esa transfiguración que verán los discípulos Pedro, Santiago y Juan.

     Finalmente el Evangelio de Mateo nos narra el acontecimiento de la Transfiguración del Señor. En esa lectura tiene mucha profundidad y muchos símbolos sobre lo que significa el seguimiento de Jesús, nos limitaremos a decir que el maestro llamó a los tres discípulos y los llevó al lugar donde se daría esa extraordinaria transformación. Ahí Pedro le propone hacer tres chozas para cada uno de los “aparecidos” que es Moisés (representa la ley) Elías (el profetismo) y Jesús (la Iglesia). Sin embargo el llamamiento de Dios nos hace tiene que ver, sí, con esa plenitud que se dará al final de nuestra vida o de los tiempos, pero sobre todo hoy tiene que ver con lo que significa ese seguimiento de Jesús que implica la cruz, se traduce eso en compromiso, apoyo, solidaridad, conversión, en ser cristianos que vivimos nuestra vida en una lucha continua por logra ese Reino que Cristo vino a instaurar y que quiere para nosotros.

Por ello, la propuesta de Jesús hoy en este segundo domingo cuaresmal es:

+A que como cristianos tratemos de vivir nuestra vida de fe, no aislada o a nuestro gusto, sino que seamos integrativos en la comunidad, para ser testigos de la transfiguración de Jesús.

+Dar respuesta genuina a ese llamado que Dios nos ha hecho como cristianos a vivir en el servicio y el amor a los demás, de tal manera que podamos ser portadores de esta transformación que requiere la sociedad a un mundo nuevo.

+Saber que el precio que tengo que pagar por ser discípulo de Jesús no es precisamente estar en un estado de confort sino por el contrario ir tomando conciencia que también significa ese llamado de ser discípulo la experiencia de la cruz que no precisamente es agradable o es cómoda, sino que trae ese misterio de la penitencia.

Para que de tal forma, en este segundo domingo cuaresmal podamos ser testigo del Jesús al hacer nuestra estas palabras: “…Una nube luminosa los cubrió y de ella salió una voz que decía: “Este es mi hijo muy amado, en quien tengo puesta mis complacencias; escúchenlo”.
   

Cristo, el bueno, que nos invita a luchar contra el mal




Por Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar

22 de Febrero de 2026.
I dom. Cuaresma. ciclo: "A".
Gen 2, 7-9; 3, 1-7; Sal 50, 3-6a. 12-13. 14. 17.;  Rom 5, 12-19; Mt 4, 1-11.


"El ayuno y las tentaciones de Jesús".


Entramos en el domingo primero del tiempo fuerte de la cuaresma, que significa cuarenta, es decir, cuarenta días y cuarenta noches. Es el número por excelencia que denomina el orden establecido. Recordemos que el cuarenta está denominado como número 4 que significa: Los cuatro puntos cardinales: norte, sur, este y oeste; las cuatro estaciones de la naturaleza: Primavera, verano, otoño e invierno; Son los cuatro elementos: Tierra, agua, viento y fuego; son los cuatro puntos de la cruz. Con esto queda claro su valor simbólico para el hombre desde la antigüedad y en especial para el pueblo de Israel.

     Entonces hoy las lecturas nos dan el mensaje claro de la polaridad que siempre están presentes en la vida del hombre, que es vida de pecado (mal) y vida de gracia (bondad). Parecería esta categorización una doctrina ya superada en la historia de la humanidad que es el maniqueísmo. Recordando que esta doctrina herética era tajante en su apreciación, o eres bueno o eres malo. Hoy pues las lecturas nos presentan dos personajes claves en la historia de la salvación: Cristo y Adán. Una persona que es hombre pero también es Dios, y otra que es mero hombre, mismo que con las debilidades carga de acuerdo a su condición humana.  

     En la primera lectura nos narra la historia de Adán que es puesto en el paraíso, y dónde Dios creador le da la vida y le da ciertas normas, como es que no coma del árbol prohibido, pero el demonio (Satanás) lo tienta en forma de serpiente y hace caer a la mujer (Eva) desobedeciendo, lo que genera el pecado. El hombre que por su naturaleza débil es pecador en contra posición con la naturaleza divina de Jesucristo que es redentor, y que en el Evangelio se manifiesta en el desierto haciendo penitencia (acción ascética para no pecar) y una vez que pasa los 40 días y las 40 noches en ayuno, viene el mismo tentador que hizo caer a Adán en el pecado ahora hacer que caiga Jesús. 

     Le hace 3 tentaciones que el demonio hizo a Jesús, significan: Una, es el poder, dos, es la codicia y tres, es el orgullo o la soberbia. Y vemos como Jesús pudo con la fuerza de su Espíritu y la ayuda del ayuno (privación) en el desierto poder vencer la tentación y al maligno.  Como Adán cayó en pecado y con ello todos los hombres posteriores a él, el Salmo 50 que hoy cantamos con la salmodia nos invita a pedir piedad y misericordia a Dios por nuestra condición débil y la tendencia a la corrupción que tenemos por nuestra debilidad. 

     En Pablo a los Romanos, nos dice que el don que Dios no da para superar el pecado es la gracia que nos viene de Jesucristo. Si por Adán cayó el pecado sobre la humanidad con Cristo nos justificó con la gracia para que estemos bien (justos) ante Dios.

Por ello, la Propuesta de Jesús hoy es:

+Que nos invita a que tengamos una responsabilidad ética con respecto a nuestro quehacer profesional, porque podemos dejarnos llevar por la corrupción imperante y aceptar sobornos para beneficiar a unos cuantos privilegiados en detrimento de los demás.

+Que luchemos contra nuestras propias tentaciones, y no dejemos que ellas nos dominen, dado que nos pueden llevar a vivir en nuestro pecado personal o social.

+Dejar de lado la tentación de abandonar la cooperación en nuestra barrio o colonia, de tal manera que queramos vivir un individualismo propio de esta cultura que vivimos y que no ayuda en la fraternidad y el mejoramiento de nuestra comunidad (colonia).

Para de tal manera, la fuerza de nuestra en la lucha diaria por el bien podamos hacer nuestra la frase de Jesús: "Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo servirás".

    

    




La ley del amor: Amar a todos, incluso aquellos que van en nuestra contra




Por Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar

23-Febrero-2020.
VII. dom. ord. ciclo: "A".
Lev 19, 1-2. 17-18; Sal 102, 1-4. 8. 10.12-13; 1 Cor 3, 16-23; Mt 5, 38-48.

"Amén a sus enemigos"

Las lecturas de este domingo son todo un desafío para aquellos que se dicen o pretenden ser Cristianos. Vivimos tiempos muy encontrados, tiempos difíciles para todos, la violencia pernea a parte de la sociedad mundial, muchos países viven o están en crisis permanentes donde la guerra, el odio y la inseguridad es el pan cotidiano de su existencia. México como nación no es la excepción vive de forma continua en tribulación. Que este día asesinaron a 70 personas que otro día a 90 y así día a día, el odio y la venganza están presentes y son noticia de los medios de comunicación. 

    El domingo pasado las lecturas se centraron en la Ley, en este caso, es a los mandatos que Dios quiere para sus hijos o su pueblo. Y cómo esa ley antigua mosaica Cristo vino no para anularla sino para superarla con una nueva ley que se llama Amor. Es precisamente en este domingo que siguiendo con la misma tónica, nos presentan las lecturas el tema del amor y la misericordia. Osea la aplicación de esa nueva ley del amor en misericordia para con todos.

    Es un verdadero desafío para todos los cristianos el poner en práctica la propuesta que Dios nos hace a través de su Palabra, llevar al extremo y la radicalidad del amor. En el pasado había una ley que llamaban del Talión: "Ojo por ojo, diente por diente", o sea, tú me das yo te doy. Se requiere de toda una verdadera conciencia cristiana vivir con otra norma que es la que normalmente es justificable: "Haces te hago", para que salga de nuestro interior otra del perdonar, el no devolver mal por mal, sino bien por mal.

    La lectura de Levítico, nos invita a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Nos invita a que vivamos la santidad en nuestra vida. ¿Qué significa ser santos? la respuesta es aquella persona que es bondadosa y que tiene una buena relación con Dios. La invitación que Dios nos hace a la santidad es porque él mismo por naturaleza es santo, entonces como creación que somos de él quiere que nosotros también seamos santos (buenos).

    A pesar de tener nuestras flaquezas (faltas) Dios no nos condena, sino que trata de conducirnos al buen camino, a hacer de nuestra vida aquello que le agrada a él y es bueno para con nosotros. Por eso no dice en el Salmo hoy: "El Señor es compasivo y misericordioso, lento para enojarse y generoso para perdonar. No nos trata como merecen nuestras culpas, ni nos paga según nuestros pecados". 

    Pablo en su primera carta a los Corintios, nos dice que nosotros somos pertenencia de Dios, y como Dios es un ser infinitamente bueno y misericordioso, quiere que nosotros seamos igual. Sabemos que muchas veces esto que Dios quiere va en contra de nuestros intereses o de nuestros instintos humanos, por eso debemos de luchar por aquello que debemos ser y que Dios aprueba.

    Por su parte, Mateo en el Evangelio nos presenta la enseñanza que Jesús nos hace. Jesús nos invita a vivir la radical del Evangelio de una forma que a los ojos del mundo es absurda o que no entienden. Nos invita a ir más allá de ir contra nuestro instinto y buscar aquello que nos lleva a ser mejores. "Si alguno te obliga a caminar mil pasos en su servicio, camina con él dos mil". Vale decir, ir más allá - el plus ultra- de la vida cristiana. Porque quiere Dios que seamos santos o sea perfectos como lo es él mismo.

Por ello, en este séptimo domingo ordinario, la Propuesta de Jesús hoy es:

+Pidamos por aquellas personas de nuestra comunidad que hacen el mal y que viven inmersos en esa sintonía, para que Dios que es bueno y poderoso les toque su corazón y los haga recapacitar que el camino de la vida que han tomado los lleva al abismo.

+Tratemos personalmente de interiorizar esto que Dios nos pide en este domingo, de hacer bien por mal, porque un principio rector en la vida de todo cristiano es luchar contra el mal haciendo siempre el bien.

+Ver en el hermano (semejante) el rostro de Dios, para que de tal manera lo tratemos bien, a pesar de que aveces existe en las personas prepotencia o altanería como muchas veces nos ha tocado vivirlo como experiencia en el trato a los demás.

Para que de tal forma, la palabra de Dios, nos nos vaya a cuestionar sobre nuestro comportamiento alejado del hermano: "Porque si ustedes aman a los que los aman, ¿qué recompensa merecen?".

Viviendo la nueva ley del Señor



Por Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar

15 de Febrero de 2025.

VI.dom.ord. ciclo: "A".
Sir 15, 16-21; Sal 118, 1-2. 4-5. 17-18. 33-34; 1 Cor 2, 6-10; Mt  5, 17-37.


"Se dijo a los antiguos, pero yo les digo..."

La lecturas de este domingo sexto ordinario de nuestra liturgia se centran en el tema de la ley.  En la lectura de Eclesiástico nos dice: "Si quieres, guardarás sus mandatos, porque es prudencia cumplir su voluntad". Basta recordar que en el Antiguo Testamento, para el pueblo judío se centraba su vida en vivir la ley o la Torah, buscaban la voluntad de Dios en la lectura atenta y constante de los primeros cinco libros de la Biblia. Porque para el antiguo pueblo de Israel, Dios siempre todo lo veía entonces para estar bien con Dios habría que vivir de forma absoluta las leyes que ellos habían legislado para el comportamiento adecuado de la comunidad (los hombres).


     El Salmo 118, se concatena muy bien con la primera lectura porque refuerza esa visión veterotestamentaria (o sea antigua) de vivir bajo la ley de forma superlativa: "Dichoso el que con vida intachable camina en la voluntad del Señor; dichoso el que guardando sus preceptos lo busca de todo corazón". 



     Por su parte la lectura de la primera carta a los Corintios, Pablo nos da su visión con respecto a la ley: "Sino que enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos, para nuestra gloria". De alguna manera esta sabiduría que era para el pueblo judío vivir la ley de Moisés, lo catapultaba a estar en la gracia de su Señor, por ello le daban mayor importancia a reafirmar la vida con esquemas de apego a una sabiduría que sobrepasara a la humana. Aunque ya Pablo deja ver que esa sabiduría era el propio Jesucristo, que no venía a abolir la ley sino a reafirmarla con una nueva actitud: El amor. Por ello en la nueva alianza Cristo viene a dar una nueva óptica en las relaciones que tengamos para con los demás y para con el mundo que nos rodea sea social, cultural o ecológica.



     El Evangelio de Mateo, su discurso se centra en la ley pero no como tradicionalmente era entendida la ley mosaica, sino con una nueva óptica porque va más allá de la falta o sea lo que dice al espíritu de la letra (ley), sino que aún eso dejarlo de lado, y vivir según en nuevo espíritu de plenitud en  todas las cosas. Porque la ley es algo externo, lo que hace falta es interiorizar la propia vida y la relación con los demás (comunidad) para vivir un equilibrio interno de tal manera que nos permita llegar al optimo sentido de la vida: El amor comunitario.



Es por ello que la Propuesta de Jesús hoy es: 



+Buscar vivir de acuerdo a la voluntad de Dios, eso se traduce a no sólo velar por mis intereses por encima del de los demás, sino siempre viendo que todo aquello que hagamos haga el mayor bien común.



+No negar alguna acción que aunque para nosotros nos parezca intrascendente, no deja de ser importante para la comunidad, dado que lo que se trata en la vida de Dios es vivir lo mejor posible con ojos no egoístas sino viendo lo que sea para mayor edificación para los demás.



+Tratar de vivir los mandamientos de la ley de Dios, eso se traduce a que pongamos mayor sensibilidad en lo que quiere Dios para con nosotros y para con lo demás, de tal manera así podamos construir el Reino del amor.



Para que así podamos vivir la Palabra:  "A ustedes les basta decir sí o no. Lo que pase de ahí viene del Maligno".




    











sábado

Una fe que es luz en obras



8 de Febrero de 2025.
V.dom.Ord.ciclo: "A".
Is 58, 7-10; Sal 111, 4-9; 1 Cor 2, 1-5; Mt 5, 13-16.

"Ustedes son la luz del mundo".

El mensaje central del Evangelio de este quinto domingo ordinario en nuestra liturgia se centra en el último párrafo del texto de Mateo, que nos dice: "Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos".  Con estas palabras evangélicas confirman que para los cristianos, la luz de su fe son las buenas obras que realizan en favor de sus hermanos. Es por ello que en las lecturas que  se nos presenta este domingo van en esa sintonía, el de hacer vida nuestra fe con obras concretas para dar gloria a Dios que es bueno por excelencia. 

    Desde la primera lectura de Isaías, las primeras frases nos recuerda aquel pasaje emblemático de Mateo 25, de: Tuve hambre y me diste de comer, estuve desnudo y me vestiste, encarcelado y me visitaste. Hoy el profeta nos dice muy parecido mensaje al que nos hace Jesús y lo dice con estas  palabras: "Comparte tu pan con el hambriento, abre tu casa al pobre sin techo, viste al desnudo y no des la espalda a tu propio hermano". Nos recuerdan estas palabras que nuestra fe se debe manifestar en hechos concretos, recordando aquella máxima que nos dejara San Pablo de que la fe sin obras es una fe muerta o aquella que hace la sabiduría popular: "Obras son amores y no buenas razones", por el hecho de hacer el bien siempre resulta una actitud nuestra que muchas veces no es fácil y requiere de un esfuerzo o un compromiso.

    Es pues la tónica de invitación del profeta de que seamos "luz" para los demás, sobre todo en este tiempo que hay sombras de muerte, signos no muy positivos en la vida de muchos hombres que sufren por la situaciones de pecados individuales y sociales que pernean en la sociedad e incluso en la iglesia. La respuesta que deja el salmo refuerza lo anteriormente dicho: "Quien es justo. clemente y compasivo, como una luz en las tinieblas brilla".

    El discurso de Pablo a los Corintios no desafina en nada, porque básicamente nos dice que el anuncio el evangelio al pueblo Corintio no con palabras elevadas ni con fuerza, sino que hizo uso del Espíritu de Dios manifestado con obras y actitudes que llevaba a edificar a la comunidad .

     Por su parte el Evangelio de Mateo desarrolla en su discurso las parábolas de que los cristianos debemos de ser "sal de la tierra" y "luz  del mundo", es decir que nuestra fe debe de estar respaldada de nuestra acción (de obras), porque a Dios le agrada que nosotros seamos solidarios y liberadores de los hermanos que sufren y que en estos tiempos de la historia se está generando mucha injusticia y violencia.

Por ello la Palabra en este quinto domingo ordinario la Propuesta de Jesús hoy es:

+Hagamos viva nuestra fe con acciones concretas, de tal manera, que al hacer el bien a nuestros hermanos demos testimonio de que somos seguidores de Jesús y herederos del Reino de Dios.

+Como seguidores de Jesús seamos luz y sal para los demás, es decir, seamos ejemplo de que otro mundo es posible llevado a cabo con solidaridad, amor y compasión para con todos nuestros semejantes.

+Que nuestra oración manifiesta sea las buenas obras que podamos hacer en favor de nuestra comunidad, como por ejemplo: visitar aquel viejito abandonado de la colonia que ignoran; cuando el coordinador de la colonia nos invite a una junta o reunión para ver como podemos solucionar el problema de la ausencia del agua que tanto falta.

Para que de tal manera, nuestro testimonio hable por  nosotros y se haga nuestra la frase evangélica: "Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres..para que den gloria a su padre"[que es bueno].







Jesús es presentado como el servidor que nos invita a servir





Por Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar

1 de Febrero de 2025.
IV domingo ordinario. Fiesta de la Presentación del Señor. Ciclo: "A".
Mal 3, 1-4; Sal 23, 7-10; Heb 2, 14-18; Lc 2, 22-40.

"Mis ojos han visto al Salvador".

Este domingo celebramos la fiesta de la Presentación del Señor. ¿Qué significa esto? Es como lo dice hoy el Evangelio, es la presentación que se hace de Jesús en el templo de Jerusalén por parte de sus padres: "Transcurrido el tiempo de la purificación de María, según la ley de Moisés, ella y José llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley: Todo primogénito varón será consagrado al Señor, y también para ofrecer, como dice la ley, un par de tórtolas o dos pichones.

     Las lecturas de la liturgia dominical inician con el texto del profeta Malaquías, que en una frase anuncia ese acto de la presentación que harán los padres de Jesús con el tiempo, al decirnos: "...De improviso entrará en el santuario el Señor, a quien ustedes buscan, el mensajero de la alianza a quienes ustedes buscan, el mensajero de la alianza a quienes ustedes desean. Miren: Ya va entrando...".

     El Salmo 23 sigue el tono de la temática de la visita de Jesús al templo, al decirnos en el verso: "¡Puertas, ábranse de par en par; agrándense, portones eternos, porque va entrar el rey de la gloria". 

    Las enseñanzas que nos deja el texto a los Hebreos sobre la figura de Jesús, nos habla que él ha venido a ser uno de nosotros tomando nuestra condición humana para salvarnos al ser mediador entre los hombres y Dios (Padre). Esa condición de ser hombre así mismo lo llevó a sufrir como nosotros.

Finalmente el texto del Evangelio, nos narra el relato de la presentación de Jesús en el templo y el encuentro con dos personajes que son Simeón y Ana, los dos profetizan lo que significa ese niño para el pueblo de Israel y lo que implicaba incluso para su madre María: "Este niño ha sido puesto para ruina y surguimiento de muchos en Israel, como signo que provocará contradicción, para que queden al descubierto los pensamientos de todos los corazones. Y a ti, una espada te atravesará el alma". Dado que era el Mesías esperado, que para el pueblo Hebreo era una aspiración fundamental que significaba la liberación de su pueblo en todos los sentidos. Y el hecho de que para estos dos personajes que eran de vida virtuosa, para ellos el ver al mesías esperado es algo concluyente para su vida y la coronación de toda una vida de sacrificios y oraciones en torno al gran templo de Jerusalén, pero también el vislumbre (esperanza) de una nueva vida para el pueblo de Israel y para todos los hombres.

Por ello las lecturas nos invitan a la Propuesta de Jesús [que] hoy tiene para nosotros:

+Que tengamos y hagamos esperanza a los demás, con respecto a que podamos sobreponernos a tantas dosis de penalidades que vivimos, a través de pequeñas acciones que puedan trasformar nuestra realidad inmediata.

+Cada vez que vayamos al templo, lo tomemos como una oportunidad de reunirnos con la comunidad (los demás creyentes) para ofrecer a Dios aquellas cosas que hayamos hecho en bien a favor de nuestra familia, amigos y vecinos. Y también nos ayude a reflexionar para ver nuestras debilidades y tomar un propósito de superarlas para estar en plena comunión con los hermanos o la comunidad.

+Que reconozcamos siempre a Jesús como nuestro Señor y salvador, que esa confesión de fe nos ayude para realizar una presentación nuestra de lo que podemos hacer en favor de la comunidad parroquial o nuestro trabajo.

Por ello, en este domingo de la Presentación del Señor, podamos decir como lo dijo Simeón:

"Señor, ya puedes dejar morir en paz a tu siervo, según lo que me habías prometido,porque mis ojos han visto a tu Salvador..."