07.04.2019.
5to.dom.cuaresma.ciclo:C.
Juan: 8, 1-11.
“Aquel
de ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra”.
Llegamos ya al quinto
domingo de esta cuaresma, tenemos un camino recorrido de cambio o conversión; hoy
el Evangelio nos narra el suceso de la mujer adúltera. Los escribas y fariseos
con el odio que le tenían a Jesús, buscaban que a través de una mujer pecadora
diera un veredicto a favor o en contra de ella, para así se convirtiera en una trampa
y causa para acusarlo.
En el Israel del tiempo de
Jesús, las mujeres que fueran sorprendidas en el pecado de infidelidad conyugal
eran castigadas –asesinadas- a pedradas, eso según la “ley” de Moisés. Ese acto
nos revela claramente, una sociedad misógina y sexista –patriarcal y machista-
como era en ese tiempo.
Jesús, ante la prueba de sus
enemigos, se agachó y se puso a escribir en el suelo con su dedo. Según los estudiosos, lo que el hijo de Dios escribía en la arena eran los pecados de cada uno de los acusadores. Aparte les lanzó un desafío con una frase lapidaria: “Aquel de ustedes que no tenga pecado, que tire la
primera piedra”. Ante esa contundencia de parte del Hijo de Dios, los más
viejos escribas y fariseos empezaron a retirarse, porque ellos eran tan
pecadores o más que aquella mujer.
Ciertamente Cristo-Jesús al
ver que todos se habían retirado le hizo algunas interrogantes a la mujer, para
concluir: “Tampoco yo te condeno. Vete y no vuelvas a pecar”.
Jesús otorgaba el perdón y
la misericordia para esa mujer, le daba con ello la posibilidad de restaurar su
vida, para que iniciara un nuevo momento en su existencia. Nuestro Señor Jesucristo
no es un Dios que condene ni acuse, es un Dios misericordioso que perdona, y
quiere que tú seas feliz, para que inicies una nueva vida en Él con dignidad de
buen hijo de Dios.
Dos lecciones nos puede
dejar esta lectura de la palabra de Dios: Una que no conocemos el pasado de las
personas, los sufrimientos, traumas o dificultades por las que han tenido que
pasar, que los han marcado para que actúen ahora de tal o cual manera; y dos,
que todos absolutamente todos somos pecadores, tenemos defectos y una historia, o como se
dice popularmente: “Todos tenemos cola que nos pisen”.
Por ello este Evangelio nos
invita a:
+No viendo sólo las
apariencias de los demás, que criticamos, y con ello estamos faltando a la
caridad con nuestros hermanos, al desprestigiarlos echando por tierra su buena fama.
+Reconocer nuestra realidad
y limitaciones, para no dejar que crezca nuestra soberbia y egoísmo, que nos
lleva a creernos superior a los demás.
+Buscar la armonía y paz en
nuestras relaciones sociales, que nos permitan ir formando un ambiente más
humano y fraternal.
