miércoles

La presencia siempre viva de Jesús entre nosotros


Por Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar.


01 de Junio de 2025.

Solemnidad de la Ascención del Señor, ciclo C.

Lc 24, 46-53.

"...Y mientras los bendecía, se fue apartando de ellos y elevándose al cielo".

El Evangelio de Lucas nos deja en este texto importantes enseñanzas como colofón de la misión de Jesús por este mundo. Primero se hace un recuento de lo que fue la pasión, muerte y resurrección de Cristo y luego cómo se debía predicar o evangelizar todo esto por todas las naciones.

    Prometió al irse con el Padre para enviar al Espíritu Santo. Y finalmente en Betania fuera de la ciudad bendijo a sus discípulos y empezó a elevarse al cielo.

    Con este hecho termina la actuación del Jesús histórico e inicia una nueva etapa que será el establecimiento de la Iglesia. Jesús se va de este mundo en su presencia física, ya no está más con nosotros, pero se queda de una forma espiritual. El permanece presente en la asamblea de los creyentes. Está en los que sufren: los enfermos, los migrantes, los pobres, los descartados, etc. Está con nosotros en la eucaristía, en la lucha y acciones por un mundo mejor, en el cuidado que hagamos a la naturaleza (casa común) es ahí y en otras muchas prácticas solidarias donde se manifiesta su viva presencia  

     Que sepamos descubrir el rostro de Dios, su presencia viva en todas estas manifestaciones, porque él ya nos lo ha prometido: "Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo".



 


El Espíritu de luz y fraternidad



25 de Mayo de 2025.

VI Domingo de Pascua, Ciclo C.

Jn 14, 23-29.


"El Espíritu Santo les recordará todo cuánto les he dicho".


El pasaje del Evangelio de San Juan 14, 23-29 es parte del discurso de despedida de Jesús a sus discípulos antes de su pasión, muerte y resurrección. En este texto, Jesús les ofrece consuelo, esperanza y una profunda revelación sobre la relación entre Dios, Él, el Espíritu Santo y quienes lo aman.

El Amor y la Morada Divina (Jn 14, 23-24)

Jesús comienza con una afirmación central: "El que me ama, guardará mi palabra; y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él."

  • El amor como obediencia: Para Jesús, el amor no es solo un sentimiento, sino una acción. Amar a Jesús significa guardar su palabra, es decir, vivir de acuerdo con sus enseñanzas y mandamientos. No se trata de una obediencia ciega, sino de una respuesta de amor que lleva a conformar la vida a la voluntad divina.
  • La iniciativa de Dios: La respuesta de Dios es aún más asombrosa. Si el discípulo ama a Jesús, el Padre también lo amará. Esta es una relación recíproca de amor que culmina en una morada divina. El Padre y el Hijo vienen a hacer su hogar en el corazón del creyente. Esto subraya la cercanía e intimidad que Dios desea tener con la humanidad, una presencia constante y transformadora que va más allá de cualquier límite físico.
  • La palabra no es propia: Jesús aclara que sus palabras no son invención suya, sino que proceden directamente del Padre que lo envió. Esto enfatiza la autoridad divina de sus enseñanzas y la unidad profunda entre el Padre y el Hijo en su misión salvadora.

La Promesa del Paráclito: El Espíritu Santo (Jn 14, 25-26)

Consciente de su próxima partida, Jesús promete a sus discípulos un Consolador, un Ayudador: "El Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho."

  • El "Paráclito": Esta palabra griega tiene múltiples significados: Consolador, Abogado, Ayudador. El Espíritu Santo no los dejará solos ni desamparados. Será una presencia activa que los acompañará en todo momento.
  • Enseñanza y Recuerdo: El Espíritu Santo tendrá una doble función crucial: enseñar y recordar. Esto significa que el Espíritu profundizará la comprensión de los discípulos sobre las enseñanzas de Jesús y les traerá a la memoria todo lo que Él les había dicho. No se trata de nuevas revelaciones que contradigan lo ya enseñado, sino de una iluminación interior que les permitirá aplicar las palabras de Jesús a las situaciones concretas de sus vidas y de la Iglesia naciente. El Espíritu asegura la continuidad y la fidelidad al mensaje de Jesús.

La Paz de Cristo y la Alegría en su Partida (Jn 14, 27-29)

Jesús les deja un regalo invaluable: "Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde."

  • La Paz de Cristo: Esta paz no es la ausencia de conflictos externos, ni la falsa seguridad que ofrece el mundo. Es una paz interior profunda, fruto de la reconciliación con Dios y de la certeza de su presencia. Es una paz que supera las pruebas y las tribulaciones, una paz que ancla el corazón en la confianza divina.
  • Invitación a la alegría: Jesús les dice: "Si me amaran, se alegrarían de que vaya al Padre, porque el Padre es más grande que yo." Aunque su partida física les cause tristeza, Jesús los invita a verla con alegría. Su regreso al Padre no es un abandono, sino la culminación de su misión y el inicio de una nueva forma de presencia a través del Espíritu Santo. Además, su ida al Padre significa su glorificación, y para aquellos que lo aman, esto debería ser motivo de gozo. La afirmación "el Padre es más grande que yo" no implica una inferioridad de Jesús en su naturaleza divina, sino que subraya su misión como Hijo enviado por el Padre y su retorno a la gloria del Padre.
  • Propósito de la revelación: Jesús les dice estas cosas "antes de que suceda, para que cuando se cumpla, ustedes crean." Él está preparando a sus discípulos para los eventos futuros, para que, al verlos realizarse, su fe se fortalezca y comprendan el plan divino.

La propuesta de Jesús hoy es:

Este pasaje es una fuente de consuelo y esperanza para los creyentes de todos los tiempos. Nos invita a:

  • Vivir en el amor y la obediencia: Nuestro amor a Jesús se manifiesta en la práctica de sus palabras. Es a través de esta obediencia amorosa que experimentamos la presencia de Dios en nuestra alma.
  • Confiar en el Espíritu Santo: El Espíritu Santo es nuestro guía y maestro. Nos ayuda a comprender la Escritura, a recordar las enseñanzas de Jesús y a aplicarlas en nuestra vida diaria.
  • Experimentar la paz de Cristo: En medio de las dificultades del mundo, Jesús nos ofrece una paz que nadie más puede dar. Es una paz que nace de la fe y de la certeza de la presencia divina.
  • Alegrarse en el plan de Dios: Aunque no siempre comprendamos los caminos de Dios, estamos llamados a confiar en su plan y a encontrar alegría en la certeza de que Él obra para nuestro bien.

En definitiva, este evangelio nos recuerda que, a pesar de la ausencia física de Jesús, su presencia es real y constante en nuestras vidas a través del amor que guardamos por Él, la morada del Padre y el Hijo en nosotros, y la guía incesante del Espíritu Santo que nos conduce a toda la verdad y nos regala su paz inquebrantable. Así como de la comunidad de creyentes en nuestras asambleas (Misas, CEBs, grupos parroquiales) pero también en la cotidianidad de todos los que sufren, de los migrantes, de los descartados de la sociedad.



El mandamiento supremo: El amor

18 de Mayo de 2025.

V Domingo de Pascua, Ciclo C.

Jn 13, 31-33a. 34-35.




Por Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar 


"Les doy un mandamiento nuevo: Que se amen los unos a los otros, como yo los he amado".

Generalmente cualquier cristiano conoce los 10 mandamientos de la ley de Dios. Esos preceptos dados a Moisés por Yahvé en el monte Sinaí. Estás normas los judíos tratan de vivirlas y son una directriz en su vida. Sin embargo, nosotros no somos judíos somos cristianos o sea seguidores de Cristo y también tratamos de vivir ese decálogo mosaico como nos los inculcaron en el catecismo o en nuestra familia.

     Pero Jesús va más allá, él trae una nueva experiencia para nuestra vida y para los que se dicen o son sus discípulos, que es el mandamiento del amor.  Pero yo diría, los mandamientos nuevos del amor. Jesús siempre expresó que el mandamiento más importante era "Amarás a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo". Y lo reforzó con este de amarse los unos a los otros, como yo los he amado.  Pero, ahí no queda la cosa. Él nos dio otras normas de vida basadas en el amor, que son las Bienaventuranzas, son los "nuevos" mandamientos de vida del cristiano. 

     Es la característica que identifica a los seguidores de Jesús del resto de los hombres: es el amor. Esa caridad que Jesús pasó haciendo en su misión y que la expresó y dió a conocer como elemento indispensable. Jesús como Dios su esencia es el amor y su doctrina misma se traduce en servicio, es decir, en práctica de este valor.

    Hablar de amor es muy fácil o decirlo con palabras, pero tener como elemento indispensable de vida es muy difícil. En el cristiano, todo debería ir en el sentido del amor como norma. Ya lo decía San Agustín "Ama y haz lo que quieras".

    Como comunidad de fe en Jesucristo, debemos o deberíamos ser amorosos, que traducirlo en acciones sería, ser misericordiosos, ser solidarios, ser compasivos, ser justos, ser pacientes, ser veraces...porque como forma distintiva de comunidad de iglesia de Jesús es vivir en el Amor.




El Buen Pastor Jesús ve por cada una de sus ovejas

11 de Mayo de 2025.

IV Domingo de Pascua, ciclo C.

-Domingo del Buen Pastor, Jornada mundial de oración por las vocaciones-

Jn 10, 27-30.


Por Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar 

"Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen".

La lectura del Evangelio de Juan de este domingo, del buen pastor, es breve apenas cuatro versículos. Ella nos remite a la relación que tenemos y que llevamos como cristianos con nuestro maestro, amigo, Señor, hermano y pastor el buen Jesús.

Jesús como guía de nuestra vida, sus enseñanzas y acciones nos llevan a ver qué tenemos con él una relación no impersonal o masificada sino personal e íntima. Él nos conoce a cada uno de nosotros y nos llama por nuestro propio nombre, como lo hace el pastor con sus ovejas, que él las conoce a cada una y ellas también reconocen la voz y el chiflido del pastor. Es una cohabitacion entre ambos: pastor-ovejas.

Al conocernos Jesús individualmente de forma profunda, él sabe cómo somos.  Así como el pastor sabe si la oveja es lenta o rápida. Si cojea o le falta una pierna o está completa. Si es temerosa o es nerviosa. Jesús conoce y sabe de qué barro estamos hechos. Conoce nuestro pecado, sin embargo él nos ama porque Dios Padre nos a creado para él. Y Jesús nos trata con amor y no quiere que ninguno de nosotros nos perdamos.

Él siempre en todas las circunstancias de la vida sale a nuestro encuentro. Y está presto para ayudarnos. Espera que nosotros se lo pidamos, porque como es un caballero no forza a nadie. Respeta siempre nuestra libertad.

Por ello en este domingo, como Pueblo de Dios y rebaño del buen pastor. Valoremos el amor que Dios nos tiene en la persona de Jesús, no sólo de forma individual sino también comunitaria, como iglesia viva pueblo de Dios. Que al igual que el buen pastor nos cuida y protege, nosotros también  seamos capaces de ayudarnos los unos a los otros; nos cuidemos y juntos construyamos con nuestro buen pastor ese gran proyecto que llamamos Reino de Dios, es el gran reto y la gran utopía que tenemos como cristianos.




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