Por: Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar
18 de enero de 2026.
II dom. Ord. ciclo: "A".
Is 49, 3. 5-6; Salm 39, 2. 4. 7-8. 8-10; 1 Cor 1, 10-13; Mt 4, 12-23.
"Este es el cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo".
Entramos como lo dijimos la semana pasada al tiempo ordinario. Este segundo domingo del presente tiempo litúrgico la temática no podría ser mejor; la misión al que estamos llamados como bautizados a realizar, dado que somos parte del Pueblo de Dios.
En la primera lectura el profeta Isaías, a través del canto que se nos presenta, nos va prefigurando la figura de Cristo, que en el tiempo y en el espacio será el Mesías esperado por el pueblo de Israel. Nos dice: "Tú eres mi siervo, Israel; en ti manifestaré mi gloria... es poco que seas mi siervo para restablecer a las tribus de Jacob...te voy a convertir en luz de las naciones, para que mi salvación llegue hasta los últimos rincones de la tierra". En este discurso nos damos cuenta que Dios en su proyecto de salvación no sólo se limitaría a Israel como pueblo elegido y único sino que hará extensivo esa salvación y esa paternidad para todos los pueblos de la tierra. De ahí que Jesús como siervo del Padre viene a infundir su Espíritu a sus discípulos para que lleven el mensaje de la Buena Nueva y se convierta esa acción en apostólica para todas las naciones.
Esa misión apostólica, que como ya lo dijimos, será resultado de la acción mesiánica, por eso se dirá en palabras del Salmo 39: "...Él me puso en la boca un canto nuevo, un himno a nuestro Dios...Sacrificios y ofrendas no quisiste...He anunciado tu justicia en la gran asamblea [a todos los pueblos de la tierra]". En estás pocas palabras de forma sintética está anunciado lo que será la misión que será del Hijo de Dios y el envío que hará a sus apóstoles (enviados) a anunciar la buena nueva del Reino a todos los hombres de buena voluntad.
La segunda lectura de Pablo a los Corintios, en el saludo que hace a la comunidad corintia, reivindica ese mensaje de hacer extensivo a todos los hombres la salvación: "A todos ustedes, a quienes Dios santificó en Cristo Jesús y que son su pueblo santo, así como todos aquellos que en cualquier lugar invocan al nombre de Cristo Jesús, Señor nuestro y señor de ellos...".
Finalmente el Evangelio de San Juan nos da mensaje del testimonio de Juan el Bautista como testigo de Jesús como el Cordero de Dios, es decir, como el Servidor de Dios para su pueblo, a venir y redimir al mundo con su muerte. También el Bautista dice que vio en el bautismo de Jesús que descendió el Espíritu Santo. Con nuestro bautismo los cristianos entramos a ser parte del pueblo santo de Dios, dado que recibimos este mismo Espíritu que animó a Jesús.
Al recibir nosotros nuestro bautismo nos hacemos coherederos con Cristo como hijos de su mismo Padre (Dios Padre) con ello recibimos la dignidad de "reyes" por que nos da el ser hijos adoptivos y reconocer a Dios como Señor de nuestras vidas. Al ser parte de la Iglesia como tal adquirimos como bautizados la dignidad de "sacerdotes", con ello recibimos un sacerdocio común de bautizados para participar en todas las acciones de la Iglesia, podemos orar, ofrecer nuestros sacrificios y ofrendas a Dios en favor de nuestros hermanos. Así mismo, con ese bautismo recibimos el ser profetas al participar del envío que nos hace Jesús de ir y anunciar la buena nueva y denunciar las injusticias del mal. De tal manera podamos dar testimonio de hijos de Dios con nuestra acciones de vida ante los demás.
Por ello en este segundo domingo ordinario, La Propuesta de Jesús hoy es:
+Que emprendamos alguna acción en nuestra comunidad o parroquia como pudiera ser: Catecismo, círculos bíblicos, comunidades eclesiales de base, ayuda a los más pobres o emigrantes, de tal manera que hagamos viva nuestra fe -en obras- que manifieste los valores evangélicos que ejercemos.
+Anunciemos el Evangelio con nuestro testimonio que se traduce en palabras y acciones, en razón que somos apóstoles "natos" que recibimos como mandato de Jesús y por ser seguidores de él.
+Solidaricemos con nuestros hermanos al hacer oraciones y sacrificios a favor de toda la Iglesia y de necesidades muy concretas de nuestros hermanos de tal manera hagamos nuestra la dignidad bautismal del sacerdocio común.
De tal manera, podamos hacer nuestra las palabras que Dios nos exhorta: "...Te voy a convertir en luz de las naciones, para que mi salvación llegue hasta los últimos rincones de la tierra".
Por ello en este segundo domingo ordinario, La Propuesta de Jesús hoy es:
+Que emprendamos alguna acción en nuestra comunidad o parroquia como pudiera ser: Catecismo, círculos bíblicos, comunidades eclesiales de base, ayuda a los más pobres o emigrantes, de tal manera que hagamos viva nuestra fe -en obras- que manifieste los valores evangélicos que ejercemos.
+Anunciemos el Evangelio con nuestro testimonio que se traduce en palabras y acciones, en razón que somos apóstoles "natos" que recibimos como mandato de Jesús y por ser seguidores de él.
+Solidaricemos con nuestros hermanos al hacer oraciones y sacrificios a favor de toda la Iglesia y de necesidades muy concretas de nuestros hermanos de tal manera hagamos nuestra la dignidad bautismal del sacerdocio común.
De tal manera, podamos hacer nuestra las palabras que Dios nos exhorta: "...Te voy a convertir en luz de las naciones, para que mi salvación llegue hasta los últimos rincones de la tierra".


