viernes

El mandamiento más grande: El amor a Dios y al prójimo



 

Por Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar

29.Oct.2017
XXX.dom.ord.ciclo: A.
Ex 22, 20-26; Sal 17, 2-3. 3-4. 47.51; 1 Te 1, 5-10; Mt 22, 34-40.

Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente…Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

La primera lectura de Éxodo, da una serie de recomendaciones a los israelitas a cerca del trato que ellos deben de dar a sus semejantes, estos son: “No hagas sufrir ni oprimas al extranjero…no explotes a las viudas ni a los huérfanos…cuando prestes dinero a uno de mi pueblo, al pobre que está contigo, no te portes con él como usurero…si tomas en prenda el manto de tu prójimo, devuélvelo” [] Todas estas exhortaciones que hace Dios a su pueblo lo hace por dos razones uno porque él es un Dios misericordioso, y dos, porque lo que hace lo realiza con Amor. 

     En el Salmo 17, como respuesta a la palabra hay dos frases con respecto al amor: “Yo te amo, Señor, tú eres mi fuerza, el Dios que me protege y me libera”. Y “Tú concediste al rey grandes victorias y mostraste tu amor a tu elegido”. En este Salmo se ve esa correspondencia entre el amor que el hombre le da a Dios y como corresponde éste con el mismo amor. 

     Por su parte, Tesalonicenses, nos habla como ese pueblo supo convertirse a Dios y empezar a vivir en el amor, dado que lo ofrecían unos a otros como verdadera comunidad de creyentes. De esa manera se convirtieron en ejemplo para todos los creyentes de su región (Macedonia y Acaya) 

     Finalmente la lectura central del Evangelio de Mateo, nos habla de que un doctor de la ley puso a prueba a Jesús, al preguntarle: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la ley? A lo que Jesús le respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente” Para él este es el más grande y principal mandamiento, así como el segundo será:…Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

     Para Jesús en estos dos mandamientos: Amor a Dios y amor al Prójimo, se funda toda la ley y los profetas. Para los cristianos de hoy nuestro principal interés de vida debería de ser el amor, expresado en buenas acciones personales para con nosotros mismos para el prójimo para la iglesia y para nuestra nación. El cristiano de hoy debe de volver al amor porque en ello radica la principal fuerza de nuestra fe (religión) y todo debe de estar en el sentido del amor. Si realmente queremos atraer a los demás a nuestra fe y que se manifieste plenamente en nuestra vida y en la vida de la comunidad debemos de vivir en el sentido del amor. 

Por eso en este domingo 30° del tiempo ordinario litúrgico, Jesús nos invita a:

+Que vivamos en el amor, mismo que hace y da sentido pleno a nuestra vida.

+Que ese amor a Dios se traduzca en alabanza, en adoración, en reconocimiento y en gloria para él, a fin de entregar siempre lo más importante que podemos dar a Dios, que es  el amor y reconocimiento como nuestro creador y salvador.

+Que todo el amor que tengamos a Dios, se traduzca a que amemos a nuestros hermanos (prójimo) con obras concretas,  mismas que mostrarán y reconocerán nuestro aprecio y solidaridad hacía los hermanos y más se lo hacemos a los más desprotegidos, pobres, explotados o emigrantes. 

Porque entonces, de vivir en el sentido del amor, nos compromete a las buenas obras como dice la frase máxima: “obras son amores y no buenas razones”.


Darle culto al verdadero Dios



Por Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar

22.Oct.2017.
XXIX.dom.ord.Domund o Jornada Mundial de las Misiones.Ciclo.A.
Is 45, 1.4-6; Sal 95,1.3.4-5.7-10; 1Ts 1, 1-5; Mt 22, 15-21.

“Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”

Hoy la palabra de Dios nos interpela directamente a todos, especialmente a los que nos decimos los amigos de Jesús o sus discípulos. En el Evangelio de Mateo nos dice: “¿De quién es esta imagen y esta inscripción?” Cada uno de nosotros tenemos una imagen de Dios, quizás sea una falsa imagen o un remedo de ella. La primera lectura del profeta Isaías nos da la clave al decir: “Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí no hay Dios”. Al tratar de unir el discurso del Evangelio y esta primera lectura, nos damos cuenta que nuestro Dios es un Ser celoso. Que él quiere todo de nosotros y no solamente migajas. Y que desea que nos definamos, porque a él no le gustan las medias tintas, en cuanto a estamos con él o contra él o somos o no somos, es decir, la definición de nuestra vida.

     El Salmo 95 va en el sentido que reconozcamos en Dios su grandeza y lo manifestemos. Por su parte, la carta de Tesalonicenses nos refuerza la idea que siempre en nuestra vida tengamos a Dios presente, a fin que le demos la gloria que merece.

     Hoy por hoy, cuántas veces nos engañamos con respecto al respeto, a la adoración y a la veneración y a la gloria que a Dios le debemos. Y andamos adorando y dándole nuestra vida o nuestro tiempo a otros dioses falsos, como puede ser: El dinero, el poder, la fama, la droga, el sexo, la violencia, el fútbol, los deportes, la moda, la ropa de marca y un largo etcétera. Y al Dios verdadero que se manifiesta en la gente, en el pobre, en el indefenso, en el desempleado, en la gente común, en el enfermo y en el que sufre, no lo tomamos en cuenta o lo tenemos olvidado; así como nuestra ausencia en la vida de la gracia, en la recepción de los sacramentos, en la visita al Santísimo en su sagrario y en las actividades parroquiales o de la comunidad. De esa manera, no estamos dando el verdadero valor, culto y dignidad a Dios y sí al ídolo del dios falso.

Es por eso, que en este domingo del DOMUND, la propuesta de Jesús es:

+Que adoremos en espíritu y en verdad al verdadero Dios, que está en aquel hermano que no tomamos en cuenta, porque socialmente no tiene ninguna importancia y es rechazado.

+Dejemos de darle menos tiempo a todas esas cosas mundanas que nos alejan de Dios y de los hermanos, y que solamente nos hacen vivir una vida superficial y egoísta carente de toda espiritualidad.

+Vivir la dimensión de la gracia, en el espíritu del día a día, y pensar en Dios, que se puede traducir en aquello que estamos haciendo bien por nuestra familia, por los vecinos o por alguien que lo necesite.  

De tal manera, nos invita la propuesta de Jesús hoy, a que no estamos haciendo un remedo de Dios, sino que verdaderamente estemos viviendo al verdadero, que se manifiesta en nuestra vida y en la vida de los demás.





Jesús plenitud de los tiempos o la parábola histórica de la viña


Por Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar
08.Oct.2017.
XXVII.dom.ord.ciclo:A.
Is 5,1-7; Sal 79, 9. 12. 13-14. 15-16. 19-20; Flp 4, 6-9; Mt 21, 33-43.

“La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular”.

Las lecturas de este domingo son muy especiales. Lo son en la medida, que en ellas se pueden hacer dos lecturas y nos dan dos significados.

     Veámoslas en su conjunto. Está la relación casi idéntica entre la primera lectura del profeta Isaías y la del Evangelio de Mateo y la contestación que en el mismo sentido nos da el Salmo 79. Los dos textos (Isaías y Mateo) nos hablan en parábola; la de Isaías es un bello poema sobre la viña. Que su dueño cuido, trabajó la tierra, plantó buena vid, en pocas palabras cultivó adecuadamente, pero al final no produjo frutos. Y terminó arrasada.

     Luego viene el texto de Mateo con el mismo planteamiento: Pareciera que Jesús la dramatiza con el administrador que deja una viña con todas sus condiciones óptimas, la alquila  a unos viñadores. Después envía tres mozos para que le den su parte que le corresponde. Los que alquilan la viña no reciben bien a los criados: A uno lo golpearon, a otro lo mataron y tercer lo apedrearon. Después envía a muchos más criados pero éstos reciben el mismo trato. Al ver esto piensa que si envía a su propio hijo si le harán caso pero, sin embargo, lo asesinan, porque piensan que con ello se quedarán con la herencia (la viña) que le corresponde. Al final interroga: qué hará el dueño cuándo regrese el mismo a su viña. Le dijeron: matará a los malos inquilinos de la viña y arrendará la viña a otros que sí cumplan.

     Una de las posibles lecturas es la histórica y concreta de la época de Jesús. La viña es la casa de Israel (el pueblo elegido por Dios) y como tal Dios ama a ese pueblo y le da una tierra en heredad. Los arrendatarios son el mismo pueblo pero también los levitas, los sacerdotes y los reyes. Los criados son los profetas y el hijo es Jesús –El Mesías-. Cuando el Padre Dios envío a su propio hijo lo hizo para salvar a su pueblo pero éste no lo reconoció sino que lo asesinó. Es por ello la frase evangélica que remata: “La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular”. Los nuevos arrendatarios en la historia de la salvación son El Nuevo Pueblo de Dios (la Iglesia) todos los gentiles o pueblos de la tierra.

    La otra lectura plausible es, que en realidad Cristo nos está diciendo que la viña debe de dar su fruto como dice en Isaías, es decir, que Dios espera que demos buenos frutos en nuestra vida. Y precisamente San Pablo en su lectura nos dice, cómo debe de ser nuestra vida: “presenten en toda ocasión sus peticiones a Dios” (oración); “custodien sus corazones y sus pensamientos en Cristo” (santidad); “aprecien todo lo que es verdadero y noble, cuanto hay de justo y puro, todo lo que es amable y honroso, todo lo que sea virtud y merezca elogio” (virtud) y termina diciendo: “Y el Dios de la paz estará con ustedes”. O como dice el Salmo: “Ya no nos alejaremos de ti”.

Por eso, en este domingo, la palabra de Dios nos invita a:

+Tener una vida que dé frutos de santidad y justicia, como bautizados que somos, estamos llamados dar frutos de servicio a la comunidad como compromiso de nuestra propia fe.

+Hacerle caso a las palabras de los profetas que viven o están entre nosotros, esos hombres que anuncian y denuncian las injusticias, y aquellos signos de muerte que vivimos en nuestras comunidades, pueblos, ranchos o ciudades. Y que descalificamos diciendo que son: “muy políticos” o que antes decíamos que eran comunistas o rojos y que ahora nos parecen sospechosos porque nos hablan con la verdad.

+Que siempre tengamos a Cristo como el centro de nuestra vida, porque si estamos unidos al sarmiento, entonces si estaremos dando frutos de eterna salvación.

Porque Dios espera individualmente o como pueblo demos frutos, porque al final de la vida tendremos que dar cuentas como operarios que somos de la viña.