Por
Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar
08.Oct.2017.
XXVII.dom.ord.ciclo:A.
Is 5,1-7; Sal 79, 9. 12. 13-14. 15-16. 19-20; Flp 4,
6-9; Mt 21, 33-43.
“La piedra que desecharon
los constructores, es ahora la piedra angular”.
Las lecturas de este
domingo son muy especiales. Lo son en la medida, que en ellas se pueden hacer
dos lecturas y nos dan dos significados.
Veámoslas en su conjunto. Está la relación
casi idéntica entre la primera lectura del profeta Isaías y la del Evangelio de
Mateo y la contestación que en el mismo sentido nos da el Salmo 79. Los dos
textos (Isaías y Mateo) nos hablan en parábola; la de Isaías es un bello poema
sobre la viña. Que su dueño cuido, trabajó la tierra, plantó buena vid, en
pocas palabras cultivó adecuadamente, pero al final no produjo frutos. Y terminó arrasada.
Luego viene el texto de Mateo con el mismo
planteamiento: Pareciera que Jesús la dramatiza con el administrador que deja
una viña con todas sus condiciones óptimas, la alquila a unos viñadores. Después envía tres mozos
para que le den su parte que le corresponde. Los que alquilan la viña no
reciben bien a los criados: A uno lo golpearon, a otro lo mataron y tercer lo
apedrearon. Después envía a muchos más criados pero éstos reciben el mismo
trato. Al ver esto piensa que si envía a su propio hijo si le harán caso pero,
sin embargo, lo asesinan, porque piensan que con ello se quedarán con la
herencia (la viña) que le corresponde. Al final interroga: qué hará el dueño cuándo
regrese el mismo a su viña. Le dijeron: matará a los malos inquilinos de
la viña y arrendará la viña a otros que sí cumplan.
Una de las posibles lecturas es la
histórica y concreta de la época de Jesús. La viña es la casa de Israel (el
pueblo elegido por Dios) y como tal Dios ama a ese pueblo y le da una tierra en
heredad. Los arrendatarios son el mismo pueblo pero también los levitas, los
sacerdotes y los reyes. Los criados son los profetas y el hijo es Jesús –El Mesías-.
Cuando el Padre Dios envío a su propio hijo lo hizo para salvar a su pueblo
pero éste no lo reconoció sino que lo asesinó. Es por ello la frase evangélica
que remata: “La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular”. Los nuevos arrendatarios en la
historia de la salvación son El Nuevo Pueblo de Dios (la Iglesia) todos los
gentiles o pueblos de la tierra.
La
otra lectura plausible es, que en realidad Cristo nos está diciendo que la viña
debe de dar su fruto como dice en Isaías, es decir, que Dios espera que demos buenos
frutos en nuestra vida. Y precisamente San Pablo en su lectura nos dice, cómo
debe de ser nuestra vida: “presenten en
toda ocasión sus peticiones a Dios” (oración); “custodien sus corazones y sus pensamientos en Cristo” (santidad); “aprecien todo lo que es verdadero y noble,
cuanto hay de justo y puro, todo lo que es amable y honroso, todo lo que sea
virtud y merezca elogio” (virtud) y termina diciendo: “Y el Dios de la paz estará con ustedes”. O como dice el Salmo: “Ya no nos alejaremos de ti”.
Por eso, en este domingo,
la palabra de Dios nos invita a:
+Tener una vida que dé
frutos de santidad y justicia, como bautizados que somos, estamos llamados dar
frutos de servicio a la comunidad como compromiso de nuestra propia fe.
+Hacerle caso a las
palabras de los profetas que viven o están entre nosotros, esos hombres que
anuncian y denuncian las injusticias, y aquellos signos de muerte que vivimos
en nuestras comunidades, pueblos, ranchos o ciudades. Y que descalificamos
diciendo que son: “muy políticos” o que antes decíamos que eran comunistas o rojos y que ahora nos parecen sospechosos porque nos
hablan con la verdad.
Porque Dios espera individualmente o como pueblo demos frutos, porque al final de la vida tendremos que dar cuentas como operarios que somos de la viña.

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