viernes

El uso adecuado de nuestras cualidades


Por Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar

19.Nov.2017.
XXXIII.dom.ord.ciclo.A.
Pr 31, 10-13. 19-20. 39-41; Sal 127, 1-5; 1Ts 5, 1-6; Mt 25, 14-30.

“Te felicito, siervo bueno y fiel. Puesto que has sido fiel en cosas de poco valor, te confiaré cosas de mucho valor. Entra a tomar parte de la alegría de tu señor”.

Las lecturas dominicales de la liturgia en esta ocasión, tratan del tema de los talentos o cualidades personales. Por ello en la lectura de Proverbios nos habla de las cualidades de una buena mujer, al decirnos: “Una mujer hacendosa…vale mucho más que las perlas”. “Su marido se fía de ella…le trae ganancias y no pérdidas todos los días de su vida”. Nos hable de la mujer hacendosa que es una ayuda para su marido, con su trabajo hay progreso en su casa. Pero esta lectura va más allá al decirnos, que con la cualidades de esta mujer se benefician sus vecinos, ayuda a gente necesitada y se compadece de los pobres.

    El Salmo nos habla que como consecuencia de seguir los caminos justos de Dios, al hombre le irá bien en su trabajo y será dichoso en su hogar (felicidad). “Tu mujer, como vid fecunda, en medio de su casa; tus hijos como renuevos de olivo, alrededor de tu mesa”.

     La primera carta de Tesalonicenses, Pablo, nos dice en uno de los versos: “No vivamos dormidos, como los malos; antes bien, mantengámonos despiertos y vivamos sobriamente”. Nos exhorta el apóstol a que estemos en el camino del Reino, que trabajemos y vivamos de acuerdo a este buen trabajo que es la vida sensata, espiritual y ayudando al prójimo, todo ello ante el juicio del Señor.

     Finalmente Mateo en su Evangelio, narra la parábola de los talentos o cualidades. Tres siervos que su señor les dio una cantidad a cada uno. Al primero cinco millones, al segundo tres millones y al tercero solo un millón. Siempre se los entregó según la capacidad de cada uno. Se fue, y al regresar les hizo cuentas. Al de cinco millones los trabajó y le entregó otros cinco. Al de Tres le dio de ganancia otros tres. Pero al que sólo le entregó uno le regresó su talento sin dar ganancia. A los otros dos que tuvieron ganancia, los felicitó, les dio más y los invitó a la alegría de su señor. Sin embargo con el que no produjo nada, lo reprochó le quito aún ese talento y lo echo de su alegría (fiesta) es decir, de su presencia.

    Con ello, la lectura invita a saber utilizar adecuadamente nuestros talentos que hemos recibido de parte de Dios. Estas cualidades no son para nosotros de forma egoísta, sino que se nos han encomendado para trabajarlas al servicio de los demás (de nuestra comunidad, de la familia, en el barrio o en el entorno en que nos movemos) Un aspecto sumamente negativo, es que muchas personas que tienen sus talentos hacen uso de ellos, sin embargo, existen la envidia que es muy generalizada en muchas personas y esa envidia que tenemos al otro por lo que hace o tiene no es adecuada ni buena, porque no nos damos cuenta que nosotros mismos somos dueños de otros talentos que los demás no poseen y que Dios nos los ha dado para ponerlos al servicio de la comunidad, solamente está en nosotros ponerlos a trabajar para que demos frutos.

Por ello, en este domingo, la liturgia nos invita a:

+Que nos demos cuenta que tenemos muchas cualidades, pongámonos a trabajarlas para que también nosotros demos frutos abundantes en servicio a los demás.

+Evitemos la envidia de los talentos o cualidades que tienen los demás, porque cada uno de nosotros somos poseedores de cualidades y talentos que los otros no tienen. (Dios da a cada uno su parte)

+Demos a los demás parte de lo que somos o tengamos, porque de esa manera, Dios no se deja ganar en generosidad y nos dará más de lo que hayamos dado.


Que no nos pase como el siervo inútil, que es sentenciado con esta frase del Evangelio: “Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará aun eso poco que tiene”.

Vivir la autoridad pastoral con humildad y servicio



Por: Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar

05-Nov-2017.
XXXI.dom.ord.ciclo:A.
Ml 1, 14-2, 2. 8-10; Sal 130, 1-3; 1 Ts 2, 7-9. 13; Mt 23, 1-12.

“Hagan, pues, todo lo que les digan, pero no imiten sus obras, porque dicen una cosa y hacen otra…Todo lo hacen para que los vea la gente”[…] “Que el mayor entre ustedes sea su servidor…”

Este domingo 31 de la liturgia, está dedicado al tema evangélico de la correcta dirección pastoral. La lectura del profeta Malaquías, nos dice en uno de sus versos: “ustedes se han apartado del camino. Han hecho tropezar a muchos…” Estas palabras van dirigidas de una manera dura a reprender a los malos sacerdotes del pueblo de Israel, que son aquellos que ya no se preocupan por la gloria de Dios y además discriminan en su servicio al pueblo. Lo que el Papa Francisco ha llamado hoy para algunos pastores de la iglesia: “Un clericalismo riguroso y mal entendido.”

     Por su parte el Salmo 130, nos da la frase, que va en sintonía con la actitud humilde y sencilla del buen pastor y servidor, “…Mi corazón no es ambicioso ni mis ojos soberbios; grandezas…no pretendo…Estoy,…Tranquilo y en silencio”.

     En contraste la lectura de Tesalonicenses, San Pablo se nos presenta como el buen modelo de dirección pastoral, nos dice: “Tan grande es nuestro efecto a ustedes, que hubiéramos querido entregarles, no solamente el Evangelio de Dios, sino también nuestra propia vida”. Es un buen pastor que es cariñoso y preocupado por el pueblo de Dios que se le ha encomendado. Vive en pobreza se sabe desprender de aquello que no les es útil para su misión. No quiere ser ni piedra de tropiezo ni un peso para los demás. Predica el Evangelio y no así mismo.

      Por su parte el Evangelio de Mateo, lectura central de la liturgia, va más allá al decirnos: De “los escribas y fariseos, hagan, todo lo que les digan, pero no imiten sus obras, porque dicen una cosa y hacen otra…Todo lo hacen para que los vean la gente”. Esto nos remite a: Que un represente de la Iglesia puede dar mal testimonio (sea laico, ministro o sacerdote), pero a pesar de eso, su doctrina puede ser evangélica o ser recta doctrina.

    Para los actuales líderes de la iglesia sean laicos o sacerdotes será más creíbles si son congruentes entre lo que predican y lo que viven. Ellos siempre deben de ir por delante en el testimonio y el sacrificio que exige la vivencia del Evangelio.

    Debe de haber una actitud (liderazgo) de humildad y sencillez. Dirigir a la comunidad cristiana no significa escalar niveles sociales o sentirse el intocable ni el santo ni el privilegiado. El liderazgo debe de traducirse en ser hermano, amigo de los demás y actuar como tal. Ser servidor y humilde se vuelven valores esenciales de un buen líder religioso, que Jesús nos lo dice.

Por ello en este domingo, la propuesta de Jesús hoy va en el sentido de:

+Todos los laicos y personas que tengamos un servicio o ministerio lo sepamos brindar gratuitamente y humildemente a la comunidad, porque Jesús nos lo pide en su palabra.

+No porque la Iglesia nos encomiende un servicio o ministerio que podemos dar a los demás, nos sintamos dueños y señores de ese ministerio o servicio dándolo solo a las personas que nos caen bien o que podemos sacar algún provecho.

+El servicio a los demás supone una dosis de humildad y disposición; Los cargos que tengamos no es para el servicio personal o para sentirme un privilegiado ante la comunidad sino de eminente servicio.

Porque si no tomamos las exhortaciones que nos hace nuestro Señor Jesucristo, podemos caer en las duras palabras que les hace a escribas y fariseos: “No imiten sus obras, porque dicen una cosa y hacen otra”.

     

      

El mandamiento más grande: El amor a Dios y al prójimo



 

Por Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar

29.Oct.2017
XXX.dom.ord.ciclo: A.
Ex 22, 20-26; Sal 17, 2-3. 3-4. 47.51; 1 Te 1, 5-10; Mt 22, 34-40.

Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente…Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

La primera lectura de Éxodo, da una serie de recomendaciones a los israelitas a cerca del trato que ellos deben de dar a sus semejantes, estos son: “No hagas sufrir ni oprimas al extranjero…no explotes a las viudas ni a los huérfanos…cuando prestes dinero a uno de mi pueblo, al pobre que está contigo, no te portes con él como usurero…si tomas en prenda el manto de tu prójimo, devuélvelo” [] Todas estas exhortaciones que hace Dios a su pueblo lo hace por dos razones uno porque él es un Dios misericordioso, y dos, porque lo que hace lo realiza con Amor. 

     En el Salmo 17, como respuesta a la palabra hay dos frases con respecto al amor: “Yo te amo, Señor, tú eres mi fuerza, el Dios que me protege y me libera”. Y “Tú concediste al rey grandes victorias y mostraste tu amor a tu elegido”. En este Salmo se ve esa correspondencia entre el amor que el hombre le da a Dios y como corresponde éste con el mismo amor. 

     Por su parte, Tesalonicenses, nos habla como ese pueblo supo convertirse a Dios y empezar a vivir en el amor, dado que lo ofrecían unos a otros como verdadera comunidad de creyentes. De esa manera se convirtieron en ejemplo para todos los creyentes de su región (Macedonia y Acaya) 

     Finalmente la lectura central del Evangelio de Mateo, nos habla de que un doctor de la ley puso a prueba a Jesús, al preguntarle: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la ley? A lo que Jesús le respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente” Para él este es el más grande y principal mandamiento, así como el segundo será:…Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

     Para Jesús en estos dos mandamientos: Amor a Dios y amor al Prójimo, se funda toda la ley y los profetas. Para los cristianos de hoy nuestro principal interés de vida debería de ser el amor, expresado en buenas acciones personales para con nosotros mismos para el prójimo para la iglesia y para nuestra nación. El cristiano de hoy debe de volver al amor porque en ello radica la principal fuerza de nuestra fe (religión) y todo debe de estar en el sentido del amor. Si realmente queremos atraer a los demás a nuestra fe y que se manifieste plenamente en nuestra vida y en la vida de la comunidad debemos de vivir en el sentido del amor. 

Por eso en este domingo 30° del tiempo ordinario litúrgico, Jesús nos invita a:

+Que vivamos en el amor, mismo que hace y da sentido pleno a nuestra vida.

+Que ese amor a Dios se traduzca en alabanza, en adoración, en reconocimiento y en gloria para él, a fin de entregar siempre lo más importante que podemos dar a Dios, que es  el amor y reconocimiento como nuestro creador y salvador.

+Que todo el amor que tengamos a Dios, se traduzca a que amemos a nuestros hermanos (prójimo) con obras concretas,  mismas que mostrarán y reconocerán nuestro aprecio y solidaridad hacía los hermanos y más se lo hacemos a los más desprotegidos, pobres, explotados o emigrantes. 

Porque entonces, de vivir en el sentido del amor, nos compromete a las buenas obras como dice la frase máxima: “obras son amores y no buenas razones”.


Darle culto al verdadero Dios



Por Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar

22.Oct.2017.
XXIX.dom.ord.Domund o Jornada Mundial de las Misiones.Ciclo.A.
Is 45, 1.4-6; Sal 95,1.3.4-5.7-10; 1Ts 1, 1-5; Mt 22, 15-21.

“Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”

Hoy la palabra de Dios nos interpela directamente a todos, especialmente a los que nos decimos los amigos de Jesús o sus discípulos. En el Evangelio de Mateo nos dice: “¿De quién es esta imagen y esta inscripción?” Cada uno de nosotros tenemos una imagen de Dios, quizás sea una falsa imagen o un remedo de ella. La primera lectura del profeta Isaías nos da la clave al decir: “Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí no hay Dios”. Al tratar de unir el discurso del Evangelio y esta primera lectura, nos damos cuenta que nuestro Dios es un Ser celoso. Que él quiere todo de nosotros y no solamente migajas. Y que desea que nos definamos, porque a él no le gustan las medias tintas, en cuanto a estamos con él o contra él o somos o no somos, es decir, la definición de nuestra vida.

     El Salmo 95 va en el sentido que reconozcamos en Dios su grandeza y lo manifestemos. Por su parte, la carta de Tesalonicenses nos refuerza la idea que siempre en nuestra vida tengamos a Dios presente, a fin que le demos la gloria que merece.

     Hoy por hoy, cuántas veces nos engañamos con respecto al respeto, a la adoración y a la veneración y a la gloria que a Dios le debemos. Y andamos adorando y dándole nuestra vida o nuestro tiempo a otros dioses falsos, como puede ser: El dinero, el poder, la fama, la droga, el sexo, la violencia, el fútbol, los deportes, la moda, la ropa de marca y un largo etcétera. Y al Dios verdadero que se manifiesta en la gente, en el pobre, en el indefenso, en el desempleado, en la gente común, en el enfermo y en el que sufre, no lo tomamos en cuenta o lo tenemos olvidado; así como nuestra ausencia en la vida de la gracia, en la recepción de los sacramentos, en la visita al Santísimo en su sagrario y en las actividades parroquiales o de la comunidad. De esa manera, no estamos dando el verdadero valor, culto y dignidad a Dios y sí al ídolo del dios falso.

Es por eso, que en este domingo del DOMUND, la propuesta de Jesús es:

+Que adoremos en espíritu y en verdad al verdadero Dios, que está en aquel hermano que no tomamos en cuenta, porque socialmente no tiene ninguna importancia y es rechazado.

+Dejemos de darle menos tiempo a todas esas cosas mundanas que nos alejan de Dios y de los hermanos, y que solamente nos hacen vivir una vida superficial y egoísta carente de toda espiritualidad.

+Vivir la dimensión de la gracia, en el espíritu del día a día, y pensar en Dios, que se puede traducir en aquello que estamos haciendo bien por nuestra familia, por los vecinos o por alguien que lo necesite.  

De tal manera, nos invita la propuesta de Jesús hoy, a que no estamos haciendo un remedo de Dios, sino que verdaderamente estemos viviendo al verdadero, que se manifiesta en nuestra vida y en la vida de los demás.





Jesús plenitud de los tiempos o la parábola histórica de la viña


Por Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar
08.Oct.2017.
XXVII.dom.ord.ciclo:A.
Is 5,1-7; Sal 79, 9. 12. 13-14. 15-16. 19-20; Flp 4, 6-9; Mt 21, 33-43.

“La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular”.

Las lecturas de este domingo son muy especiales. Lo son en la medida, que en ellas se pueden hacer dos lecturas y nos dan dos significados.

     Veámoslas en su conjunto. Está la relación casi idéntica entre la primera lectura del profeta Isaías y la del Evangelio de Mateo y la contestación que en el mismo sentido nos da el Salmo 79. Los dos textos (Isaías y Mateo) nos hablan en parábola; la de Isaías es un bello poema sobre la viña. Que su dueño cuido, trabajó la tierra, plantó buena vid, en pocas palabras cultivó adecuadamente, pero al final no produjo frutos. Y terminó arrasada.

     Luego viene el texto de Mateo con el mismo planteamiento: Pareciera que Jesús la dramatiza con el administrador que deja una viña con todas sus condiciones óptimas, la alquila  a unos viñadores. Después envía tres mozos para que le den su parte que le corresponde. Los que alquilan la viña no reciben bien a los criados: A uno lo golpearon, a otro lo mataron y tercer lo apedrearon. Después envía a muchos más criados pero éstos reciben el mismo trato. Al ver esto piensa que si envía a su propio hijo si le harán caso pero, sin embargo, lo asesinan, porque piensan que con ello se quedarán con la herencia (la viña) que le corresponde. Al final interroga: qué hará el dueño cuándo regrese el mismo a su viña. Le dijeron: matará a los malos inquilinos de la viña y arrendará la viña a otros que sí cumplan.

     Una de las posibles lecturas es la histórica y concreta de la época de Jesús. La viña es la casa de Israel (el pueblo elegido por Dios) y como tal Dios ama a ese pueblo y le da una tierra en heredad. Los arrendatarios son el mismo pueblo pero también los levitas, los sacerdotes y los reyes. Los criados son los profetas y el hijo es Jesús –El Mesías-. Cuando el Padre Dios envío a su propio hijo lo hizo para salvar a su pueblo pero éste no lo reconoció sino que lo asesinó. Es por ello la frase evangélica que remata: “La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular”. Los nuevos arrendatarios en la historia de la salvación son El Nuevo Pueblo de Dios (la Iglesia) todos los gentiles o pueblos de la tierra.

    La otra lectura plausible es, que en realidad Cristo nos está diciendo que la viña debe de dar su fruto como dice en Isaías, es decir, que Dios espera que demos buenos frutos en nuestra vida. Y precisamente San Pablo en su lectura nos dice, cómo debe de ser nuestra vida: “presenten en toda ocasión sus peticiones a Dios” (oración); “custodien sus corazones y sus pensamientos en Cristo” (santidad); “aprecien todo lo que es verdadero y noble, cuanto hay de justo y puro, todo lo que es amable y honroso, todo lo que sea virtud y merezca elogio” (virtud) y termina diciendo: “Y el Dios de la paz estará con ustedes”. O como dice el Salmo: “Ya no nos alejaremos de ti”.

Por eso, en este domingo, la palabra de Dios nos invita a:

+Tener una vida que dé frutos de santidad y justicia, como bautizados que somos, estamos llamados dar frutos de servicio a la comunidad como compromiso de nuestra propia fe.

+Hacerle caso a las palabras de los profetas que viven o están entre nosotros, esos hombres que anuncian y denuncian las injusticias, y aquellos signos de muerte que vivimos en nuestras comunidades, pueblos, ranchos o ciudades. Y que descalificamos diciendo que son: “muy políticos” o que antes decíamos que eran comunistas o rojos y que ahora nos parecen sospechosos porque nos hablan con la verdad.

+Que siempre tengamos a Cristo como el centro de nuestra vida, porque si estamos unidos al sarmiento, entonces si estaremos dando frutos de eterna salvación.

Porque Dios espera individualmente o como pueblo demos frutos, porque al final de la vida tendremos que dar cuentas como operarios que somos de la viña. 

Obediencia y conversión



Por Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar

01.Oct.2017.
XXVI.dom.ord.ciclo:A.
Ez 18, 25-28; Sal 24, 4-5.6-7.8-9; Flp 2, 1-11; Mt 21, 28-32.

“El padre se dirigió a su segundo hijo…Éste le respondió: ´No quiero ir´, pero se arrepintió y fue…Los publicanos y las prostitutas se les han adelantado en el Reino de Dios”.

El Evangelio de este domingo es una extensión, del que proclamamos el domingo pasado, es la misma enseñanza pero con otro matiz. En esta ocasión Mateo nos plantea la parábola de un padre que invita a sus dos hijos a trabajar en su viña. Uno le contestó que sí iba, pero jamás fue. El mismo padre se dirigió al segundo, y la respuesta de éste fue negativa: un No rotundo, pero se arrepintió (quizás pensó que había sido muy poco solidario con lo que pedía su padre) y al final fue a trabajar a la viña. Desde luego, el que finalmente hizo la voluntad de aquel padre fue el segundo porque hizo lo que quería el papá. Luego Jesús nos deja esta máxima: “Yo les aseguro que los publicanos y prostitutas se les han adelantado en el camino del Reino de Dios”.

     Esta enseñanza que nos deja el Evangelio tiene que ver finalmente con que a Dios le agrada que hagamos su voluntad, quizás nuestra vida este llena de debilidades, de pecados o de injusticias, pero basta con que reflexionemos profundamente y nos demos cuenta que vamos por la vida por un camino inadecuado, entonces tomemos la determinación con la ayuda de Dios de arrepentirnos y tomar la conversión. También esta lectura se relaciona con la del domingo pasado en el sentido que Jesús nos llama a vivir y a trabajar en favor del Reino de Dios; que al final el pagó es por igual al principio o al final. Hoy en está sigue llamando a trabajar: quizás tú hermano siempre con tu vida o tus acciones les has dicho un NO a Dios, es el momento que te des cuenta que puedes ser afirmativo y decirle un Sí y trabajar por su Reino y vivir;  además que recibirás el justo pago por tus servicios.

    Quizás vivamos una religión de costumbre de tradición o de rutina, pero no estamos evangelizados ni vivimos en conversión, seguimos viviendo con indiferencia. Por eso aunque conocemos gente que quizás sea mala, viva mal o en pecado o sea como decimos en la sociedad de lo peorcito, pero si esas personas llegan a conocer y experimentar el infinito Amor de Dios; para ejemplificar nos lo dice el Salmo 24: “Acuérdate, Señor, que son eternos tu amor y tu ternura…” cuantas veces al experimentar ese poderoso amor de Dios han cambiado, han dejado de lado su pecado o su egoísmo y han iniciado una nueva vida. Esos hombres o mujeres de alguna manera se adelantan al Reino en relación a muchos de aquellos que nos llaman santurrones, que son esa gente que a diario van a misa o comulgan, pero no existe un cambio de vida, se sigue viviendo en el egoísmo y la indiferencia.

     La lectura del profeta Ezequiel tiene un hilo conductor con la lectura de Mateo al decirnos: “Cuando el pecador se arrepiente del mal que hizo y practica la rectitud y la justicia, él mismo salva su vida”.  

Por su parte la carta de filipenses: Nos habla de la humildad y la obediencia de Cristo a su Padre, y cómo al humillarse y tomar la condición humana e incluso haber muerto en la cruz, llevó hasta sus últimas consecuencias su vida. Pero la misma lectura nos dice, como Dios Padre le dio el premio al exaltarlo sobre todas las cosas y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, hasta darle el título de: El Señor.

Por eso en este domingo 26° del tiempo ordinario Jesús nos invita a:

+Que obedezcamos a la Palabra de Dios, pero no con buenos deseos, con buenos propósitos. Sino practicándola de verdad y dejar la indiferencia, la tradición o la comodidad al vivir la fe.

+Que tratemos de salir de esa rutina o modorra espiritual en que vivimos, haciéndolo  definitivamente, para dejar de ir los domingos a la celebración como una costumbre o tradición de tal modo que esa misa o nuestra práctica sacramental, no nos lleva a cambiar en nada el modo en que vivimos.

+Dejarnos amar por Dios, y hacer un esfuerzo para acercarnos a él de muchas maneras: en una visita al Santísimo para pedirle que cambie nuestro corazón; en ayudar al prójimo que hemos visto bien jodido, y que lo ignoramos o fingimos “demencia” ante su sufrimiento.

De tal manera que en este domingo demos un Sí a Dios, viviendo y haciendo su voluntad, para que siendo felices, cumplamos los mandamientos y trabajemos por el Reino y en servicio a nuestros semejantes. 

jueves

Al servicio del Reino



Por Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar

24.Sep.2017.
XXV.dom.ord.ciclo:A.
Is 55, 6-9; Sal 144, 2-3. 8-9. 17-18; Flp 1, 20-24. 27; Mt 20, 1-16.

“¿O vas a tener rencor porque yo soy bueno?”

La primera lectura de Isaías, nos hace una serie de exhortaciones como estás: “Busquen al Señor mientras lo puedan encontrar” (podría decir mientras tengan vida) “Invóquenlo mientras está cerca” (siempre Dios puede ser encontrado) “Que el malvado abandone su camino” (que busque su conversión su purificación) “Y el criminal su planes” (Nos dice al respecto la misma lectura: “Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes”, se refiere a los pensamientos de Dios) Y lo reafirma un verso: “Sus caminos no son mis caminos” Todas estás invitaciones nos las hace Dios, porque quiere que nosotros estemos a la altura de una vida digna y en plena sintonía con su Reino.

     El Salmo, los dos últimos versículos nos habla de la misericordia de Dios, de su generosidad, de su bondad y de su amor para nosotros, así como de su justicia, y que siempre está cerca con quien lo busca y cerca de quien lo invoca (está afirmación reafirma lo que nos dice la lectura del profeta Isaías).

     Por su parte San Pablo a los filipenses: el apostol tiene un dilema, entre permanecer con vida y servir a sus hermanos o morir para estar en el encuentro permanente con Jesús. Pero finalmente él se da cuenta que en el servicio, en la labor apostólica, es un modo de encontrar a Cristo en los demás. Además que ese servicio está trabajando en favor del Reino instaurado por Jesucristo en la tierra.

     Finalmente, la liturgia de la palabra en el Evangelio de Mateo, trata de la parábola de los trabajadores de la viña. Nos dice de la búsqueda de un generoso propietario de una viña, que busca la contratación de trabajadores para que hagan su labor, va desde temprano a contratar y los hace con pago de un denario al día. Así sucesivamente va a media mañana, en la tarde y a media tarde a seguir contratando trabajadores. Al final, sale al caer la tarde (ya casi en la noche) y encuentra sentados en la plaza a unos  trabajadores y les pregunta: “Cómo es que han estado todo el día sin trabajar”…ellos responden: “Nadie nos ha contratado”. Y los invita a que vayan a trabajar a su viña. Al final les paga primero a los que llegan al final con un denario, y así sucesivamente, hasta que llega con los que tuvieron todo el día trabajando y les paga los mismo. Estos últimos se inconforman porque reciben el mismo salario de los que han llegado al final. Pero el dueño de la viña, les dice que es justo porque les ha pagado lo que han convenido desde el principio, y se defiende: diciendo: “¿Qué no puedo hacer con lo mío lo que yo quiero?  ¿O vas a tener rencor porque yo soy bueno?” Y remata diciendo que los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos.  Es decir, El trabajo y el servicio al Reino se pueden hacer en cualquier momento, basta que como cristianos comprometidos nos decidamos por los valores evangélicos y hacer de nuestra vida una existencia agradable a Dios y en servicio a los hermanos.

Por eso en este domingo de exhortación a realizar nuestra vida en servicio a favor del Reino, nos invita a:

+Buscar trabajar en favor del Reino en acciones concretas a los demás, como puede ser, ayudar aquellos emigrantes que vienen desde lejos en búsqueda de un nuevo porvenir,  otorgándoles una moneda o algún taco para su hambre.

+Que hay muchos buenos católicos, evangelizadores potenciales, que no han sido invitados a participar ni se les ha dado responsabilidad. No tienen oportunidad, no tienen canales para su buena voluntad, que sean invitados por medio de mecanismos adecuados y oportunos que haga la vicaría, la parroquia o la diócesis.

+No caer en el peligro de concentrar responsabilidades, servicios y trabajos apostólicos en unas pocas personas, siempre las mismas, y el resto tiene poco oportunidad. Concientizarnos de que las acciones eclesiales no son exclusivas de unos cuantos, sino que todos como bautizados estamos llamados e invitados a trabajar en favor de la Iglesia, expresada en la parroquia, en la colonia o en la comunidad.

Porque en este domingo el Evangelio nos invita: A ser servidores del Reino.