jueves

Oración y misericordia para alcanzar la humildad





Por Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar


27.Oct.2019.
XXX.dom.ord.ciclo:“c”.
Si 35, 15-17.20-22; Sal 33, 2-3.17-18.19.23; 2Tm 4, 6-8.16-18; 2Co 5, 19; Lc 18, 9-14.


“El publicano regresó a su casa justificado y el fariseo no”.

Los últimos tres domingos, de este tiempo litúrgico ordinario, que estamos celebrando en la Iglesia han coincidido en la palabra con un mensaje: la Oración. Se vuelve fundamental que la oración del cristiano sea un dialogo continúo con Dios, para que esta ayude en nuestra transformación (conversión)  pero también, que nuestro ruego haga efectiva la acción misericordiosa del Señor para nuestra vida y la de los demás.

    En las lecturas de hoy nuevamente nos deja escuchar la voz de Dios sobre la importancia de la oración, misma que nos lleve a cambiar nuestra vida (corazón) para ser humildes y saber actuar con misericordia. En la lectura de Sirácide, nos dice que el Señor no se deja impresionar por apariencias. En nuestra sociedad materializada, vanidosa y vacía, las personas en ocasiones buscan vivir del qué dirán, es decir, de la apariencia. Quieren demostrar lo que no tienen ni lo que no son. Esto significa que viven en la falsedad o en el engaño. En ese sentido a Dios no lo podemos engañar con nuestras falsas expectativas, más bien lo que hacemos es engañarnos a nosotros mismos, por eso él prefiere a los humildes a los sencillos a todos aquellos que no están dentro de esas falsas realidades.

    Dios escucha la oración de todo cristiano, pero le gusta más el ruego del oprimido del sufriente, del despreciado por los esquemas de este mundo. Como nos lo dice la palabra, Dios hace justicia (misericordia) al oprimido. Así lo dice el Salmo 33 hoy: “Escucha, en cambio, al hombre justo y lo libra de todas las congojas”. Las palabras de promesa que hace el salmista con respecto a Dios son claras, Él no dejará desamparados a quien espera su poder y su amor.

   Por su parte, San Pablo a Timoteo, nos dice, que el Señor lo salvó y lo sostuvo ante la adversidad a pesar de que todos los abandonaron. Su esperanza no estaba puesto en falsos espejismos sociales de su tiempo, sino que su esperanza estaba puesta en Jesús (Dios) en la salvación que le venía del Altísimo como recompensa de su compromiso por anunciar el Evangelio y vivir como verdadero discípulo la solidaridad para con las comunidades cristinas que le fueron encomendadas. Por eso espera para él y para los cristianos esa misericordia de Dios traducida en la vida del Reino.

   Con respecto al Evangelio de Lucas, Jesús anuncia con la parábola del publicano (recaudador de impuestos) y el fariseo dos actitudes: La del pecador (publicano) que le rogaba a Dios misericordia: “Dios mío, apiádate de mí, que soy pecador”. Por otra parte, la oración falsa del fariseo: “Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos y adúlteros; tampoco soy como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todas mis ganancias”. Termina diciendo el Evangelio, que el primero “bajó a su casa justificado, y aquél (el fariseo) no”.

     Para Dios lo que cuenta es la humildad no la soberbia, recordemos que el pecado que cometieron los ángeles caídos (demonios) fue de soberbia, por creerse o sentirse más que Dios. Para nosotros los cristianos debemos tomar en cuenta esta virtud (humildad) como prioritaria, hoy ante las situaciones que vivimos en nuestra sociedad donde lo que cuenta son: los lujos, las apariencias, el dinero, el poder, el sentirme superior a los demás o sentirme el que todo lo sabe.

     Por ello, en este domingo trigésimo ordinario, la propuesta de Jesús hoy es:

+Cultivemos una actitud humilde, misma que nos ayude a tener un acercamiento con los descartados de la sociedad: los más pobres, los emigrantes, los drogadictos, los alcohólicos, los parias de la sociedad, aquellos requieren del apoyo y la misericordia de la sociedad y de la nuestra.

+Que nuestra amistad con Dios, nos permita una oración (comunicación) más profunda con él, para pedirle nos quite nuestro “corazón de piedra” y nos de la fuerza (gracia) para acercarnos a los demás sobre todo aquellos que requieren de nuestra misericordia (solidaridad).

+Luchar contra el egoísmo que tenemos de compararnos con otros, porque queremos ser iguales a ellos (con los poderosos) o simplemente queremos ser más que los demás.

De tal manera, en este domingo la palabra nos dice con respecto a la soberbia que podamos tener:  “…Porque todo el que enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”.




sábado

Oración, constancia y evangelización





Por Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar


20.oct.2019.
XXIX.dom.ord. Domund.ciclo:c
Ex 17, 8-13; Sal 120, 1-8; 2ª. Tim 3, 14-4, 2; Heb 4, 12; Lc 18, 1-8.

“Dios hará justicia a sus elegidos que claman a él”

Las lecturas de este 29 domingo ordinario, en la liturgia del domingo mundial de las misiones (Domund), se centra en tres tópicos que son: la oración, la constancia que debe tener el cristiano en la vida de la gracia y la evangelización que estamos invitados y enviados a realizar como bautizados.

    La lectura de Éxodo nos narra el acontecimiento de una lucha o guerra entre los israelitas y los amalecitas, el enfrentamiento entre estos dos pueblos, estaba mediada por las acciones de Moisés. Cuando éste estaba arriba del monte y sus brazos estaban en lo alto, los israelitas dominaban la lucha cuando bajaba los brazos, por cansancio, el otro pueblo iba venciendo. Para que el pueblo elegido por Dios dominara y ganara esta contienda, los dos acompañantes de Moisés le sostuvieron los brazos y eso permitió la victoria.

     Este relato nos habla, como esa acción, de elevar a lo alto los brazos, es un símbolo de la oración del patriarca Moisés. Para nosotros esto es un mensaje: La oración tiene poder porque esa suplica, siempre es escuchada por Dios que todo lo puede.  

    En la misma temática que Éxodo está el Salmo 120, que nos dice: “La mirada dirijo hacia la altura de donde ha de venirme todo auxilio. El auxilio me viene del Señor…”. Es pues la ayuda que nos viene del Dios bueno por medio de la súplica que hacemos a él (oración).

     Luego, en la lectura de la segunda carta de san Pablo a Timoteo, y la cita de la aclamación antes del Evangelio nos da el segundo y tercer tema de este domingo: La constancia y la evangelización.  Le dice Pablo a Timoteo: “…permanece firme en lo que has aprendido y se te ha confiado…” y luego: “…Te pido encarecidamente…que anuncies la palabra…”.

     Finalmente, el Evangelio de Lucas, viene a ser el aglutinador y la síntesis (resumen) de las dos anteriores lecturas junto con el salmo; que es orar con constancia y anunciar esta misma palabra que se nos ha sido trasmitida como cristianos para luego compartirla como evangelizadores, es decir, el ser portadores de una buena noticia.  En ese sentido nos dice Lucas: Que Jesús les enseñó la necesidad de orar siempre sin desfallecer a sus discípulos, luego les cuenta la parábola del juez injusto que una viuda que no era atendida en su petición de justicia por el propio juez, para luego por el ruego y la insistencia continua de ella terminará éste impartidole justicia, porque nos dice la lectura que el juez era egoísta y malo. Está enseñanza que hace Jesús a sus seguidores, es que debemos de insistir (constancia) en nuestros ruegos a Dios porque él que es bueno, dado que atenderá nuestra petición y no quedará indiferente a nuestras necesidades.  

Por ello, la propuesta de Jesús hoy es:

+Oremos en todo tiempo y en todo lugar. Puede ser en momentos específicos de nuestro día a día, incluso en pequeños momentos en la calle, en algún lugar que estemos de espera. Elevemos nuestros ruegos a Dios o pensemos en él, que nos ama y nos da la vida.

+ Tengamos constancia en nuestra oración y en nuestra la práctica de la fe, porque ella dará frutos de vida espiritual para nosotros mismos y para los demás.

+Apoyemos iniciativas pastorales en nuestra parroquia, de tal manera que tengamos una labor de servicio evangelizador para nuestras comunidades.

De tal manera que en este domingo mundial de las misiones (Domund), como nos lo dice la palabra de Dios: “La voz de los mensajeros ha resonado en todo el mundo y sus palabras han llegado hasta el último rincón de la tierra”. Por ser constantes en la oración y en la evangelización. 







Favor y agradecimiento





Por Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar


13.Oct.2019.
XXVIII.dom.ord.ciclo:C.
2 Re: 5,14-17;Sl: 97, 1.2-3ab.3cd-4; 2Tim:2,8-13;Lc:17,11-19.


¿No ha habido nadie, fuera de este extranjero, que volviera para dar gloria a Dios?

La primera lectura de la liturgia de este domingo junto con el Evangelio están estrechamente relacionadas. Para las dos, la temática son el agradecimiento y la fe. Una supone a la otra. Sea como antecedente o como consecuente. La lectura del segundo libro de los Reyes nos habla de un general (oficial) que no era del pueblo elegido sino que era pagano, sin embargo le solicita por su fe a Eliseo su curación de la lepra. El profeta le dice, que se bañe 7 veces en el río Jordán. Es decir, le pide a Naamán que se purifique (para nosotros sería que busquemos siempre un camino de conversión).

     Después de lograr su sanación, regresa a Eliseo y le ofrece regalos como agradecimiento por aquella curación y quedar limpio de su enfermedad. Y como el profeta se niega a recibir un “pago” a cambio de un milagro que se acaba de operar en este general del ejército. Ante la negativa del profeta, entonces Naamán pide llevarse tierra de ahí para construir un altar y entonces dar culto y alabanza a ese verdadero Dios que lo curó por intervención de Eliseo.

     El agradecimiento se da como respuesta de la primera lectura (2 Reyes) con el Salmo 97 con estas palabras: “Cantemos al Señor un canto nuevo, pues ha hecho maravillas…una vez más ha demostrado Dios su amor y su lealtad hacia Israel” Es la tónica que nos hablan del poder de Dios y la alabanza que debemos hacer como agradecimiento de la acción bondadosa de Dios.

    La lectura del Evangelio de Lucas sigue con el mensaje en sintonía con el texto de 2 Reyes. Los diez leprosos que le pedían a Jesús su ayuda o apoyo (misericordia) para su curación,  con estas palabras: “¡Jesús, maestro, ten compasión de nosotros!” Sabemos que la enfermedad de la lepra en tiempos de Jesús ocasionaba una exclusión del que la padecía en relación con la comunidad. Entonces Cristo, les dice: “Vayan a presentarse con los sacerdotes” y mientras iban de camino sanaron, de esos diez enfermos, sólo uno regresó a agradecerle a Jesús por su sanación. Entonces el maestro interpeló el porqué de los diez enfermos solo uno (extranjero) regresara a dar gloria a Dios.  Y dice estás últimas palabras: “Tú fe te ha salvado” En el evangelio de hoy, fe y agradecimiento van de la mano. Por eso Pablo en la segunda carta a Timoteo, nos dice, que por su fe “sobrellevo todo por amor a los elegidos, para que también ellos alcancen en Cristo Jesús la salvación...” Con esta frase nos habla de la actitud presentada por los tres protagonistas principales en las lecturas: Eliseo, Jesús y Pablo, ellos se solidarizan con los demás, porque buscan el bien del general, de los leprosos y de los elegidos (Timoteo y los cristianos), sólo les piden como requisito tener fe y ser agradecidos. 

Por eso en la liturgia de este domingo ordinado, la propuesta de Jesús hoy, es:

+ Que vivamos la solidaridad con nuestros hermanos, de tal manera, que podamos hacerles un bien, que abone a seguir construyendo el proyecto de Jesús entre nosotros, eso nos habla de la Gloria de Dios entre nosotros.

+Que tengamos fe en el Altísimo o en el poder de Él, para que ésta misma nos ayuda a vivir nuestra conversión en favor de nuestros hermanos (Pueblo de Dios) y nos lleve a una alabanza continua de él.

+Que como cristianos agradecidos, no olvidemos el hacer oración en alguna hora o momentos del día a día. Puede ser de acción de gracias o de alabanza, pero también podemos ir a visitar al santísimo en algún templo donde se exponga o la asistencia a la Eucaristía.

Para que esto nos lleve a vivir lo que nos dice la aclamación antes del Evangelio: “Den gracias siempre, unidos a Cristo Jesús, pues esto es lo que Dios quiere que ustedes hagan”.




La fe, don de Dios, que da esperanza





Por Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar

06.Oct.2019.
XXVII.dom. ord.ciclo: C.
Lucas: 17, 5-10.

¡Si ustedes tuvieran fe…!

La palabra de este domingo se centra en el tema de la fe y las consecuencias de ésta en la vida de quien la vive. Iniciando con el pasaje del profeta Habacuc, él interpela a Dios en su oración al decirle: ¿Hasta cuándo, Señor, pediré auxilio sin que me escuches, y denunciaré a gritos la violencia que reina sin que vengas a salvarnos? Por qué me dejas ver la injusticia y te quedas mirando la opresión. Ante mí no hay más que asaltos y violencias, y surgen rebeliones y desórdenes. Al leer estas frases ellas nos remiten al estado actual en que vive nuestro país México y muchas entidades. La violencia, la impunidad y la desesperanza de muchos ciudadanos por el estado de descomposición social que vivimos y como no tiene un aparente fin, por el desorden que se vive.

     Sin embargo, la respuesta ante este estado de cosas, de violencia e injusticia, surge una “formula” espiritual que nos las dice hoy las sucesivas lecturas: El Salmo 94, Pablo a Timoteo y el propio Jesús en el Evangelio: Hacer  Oración (la alabanza), es decir, suplicarle a Dios nos ayude, porque de él depende todo. Ante la denuncia del profeta Habacuc, por el desorden de la anarquía social, la respuesta es pronta del Altísimo: Vive el don de la Esperanza. Nos invita pues ante eso, a tener fe en Dios para que surja la esperanza que nos lleve a seguir trabajando en lo que nos corresponde, con actitud de rectitud y justicia. La otra parte de restauración de una vida de Paz y Justicia en la comunidad vendrá como consecuencia del don de Dios y nuestra actitud de buena voluntad.

     En la lectura a Timoteo nos invita a vivir la fe en Dios y en su Reino con fortaleza, amor y moderación. Para entrar al Evangelio de Lucas, donde el Maestro Jesús nos invita a tener un mínimo de fe para poder afrontar los desafíos diarios que nos toca vivir en nuestra vida diaria. La fe en ese sentido es como una llave que nos abrirá “puertas” que son los dones o regalos de Dios; la actitud de ser buenas personas para vivir y construir una sociedad armónica de paz, justicia, amor, solidaridad es lo que nos invita el Apóstol Pablo. El pago de nuestro trabajo en favor de los demás (familia, hermanos, vecinos, sociedad) nos ayuda a que seamos personas útiles (de servicio), porque estamos haciendo lo que debemos hacer: Dado que el distintivo del cristiano es el servicio, que nos hace ser más humanos, más cristianos y más solidarios constructores de una nueva humanidad.  

Por ello, la propuesta de Jesús hoy, en este domingo nos invita a:

+ Tratemos de vivir el día a día haciendo el mayor bien que podamos, porque para anular el mal es posible hacerlo viviendo el bien.

+Alimentemos nuestra fe con la oración, con actitudes de un acercamiento a los sacramentos a nuestra comunidad que se reúne en nuestras parroquias, templos o en las comunidades barriales.

+Vivamos la esperanza, que con la misericordia de Dios nos acompaña en nuestro caminar por esta vida. Dado que este don de Dios, nos da ánimo por construir una sociedad más fraterna, más cristiana y más humana.

Para que como nos lo dice la Palabra de Dios:Es todavía una visión de algo lejano, pero que viene corriendo y no fallará; si se tarda, espéralo, pues llegará sin falta”.