miércoles

Fuera de los pobres no hay salvación

 



28 de Septiembre de 2025.
26° Domingo del tiempo ordinario, Ciclo: C.
Lc 16, 19-31.


"Recibiste bienes en tu vida [rico Epulón] y Lázaro males; ahora él goza de consuelo, mientras que tú sufres tormentos".


Hoy la lectura de la parábola del rico Epulón y Lázaro, nos vuelve a presentar, como el Evangelio del domingo pasado, esa dualidad entre dos posturas encontradas. Dos posiciones dialécticas, que para nosotros los cristianos para nuestra reflexión nos sirva para sacar una enseñanza efectiva y práctica.

     Este texto de Lucas bien se puede conectar con el texto del domingo pasado Lc 16, 1-13;  (Dios o el dinero) pero también se relaciona con la lectura del juicio universal de Mateo 25, 31-46; aquel pasaje de, "tuve hambre y me diste de comer, estuve desnudo y me vestiste...".

     Hoy la parábola o historia narrada por Jesús se centra en un rico que vive bien, se da sus lujos pero se olvida de los demás. Se centra sólo en él mismo, de una manera egoísta (no es solidario). En cambio Lázaro, es un pobre casi diríamos que vive en la miseria, sentado en el suelo , anhelando comer, estando muy cerca de la casa del rico y siendo lamido de sus llagas por los perros.

     Los 2 mueren, uno va al paraíso con Abraham y el otro va al lugar de tormento (infierno) por su conducta en la vida. Los dos reciben sus respectivos lugares. Y aunque el rico le pide a Abraham que mandé a Lázaro para que les avise a sus hermanos dónde se encuentra y cambien de vida o se conviertan. Abraham le dice, que en la vida tienen a los profetas y a Moisés que si no hacen caso a ellos menos a Lázaro.

     Este texto es muy puntual hoy para este tiempo que vivimos y para todos los cristianos y católicos. Ver cómo el sistema social y económico genera tal cantidades de nuevos "Lázaros", en las calles de las ciudades o poblados; los descartados de la sociedad. Hoy es muy común ver pobres, mujeres, adultos y niños durmiendo sobre cartones en espacios donde pueden y los dejan,  muchas veces en espacios fuera de los bancos, negocios y hasta de las iglesias (Templos). Cómo dijera el teólogo jesuita salvadoreño Jon Sobrino: [La opción por] "Los pobres son los que nos salvaran". Realmente hoy el Evangelio nos invita a ser solidarios con los que menos tienes y así como el pobre Lázaro ganar en la dicha y la felicidad en esta vida construyendo otro mundo que es posible y la salvación plena del Reino en la otra vida.

El verdadero valor del dinero.




Por Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar 


21 de Septiembre de 2025.

25° domingo ordinario, ciclo: C.

Lc 16, 1-13.


 "No pueden servir a Dios y al dinero"


Parecería que está dicotomía de elegir entre Dios, el ser espiritual que nos ayuda a darle sentido a nuestra vida; y el dinero, la parte material que nos brinda cubrir necesidades  para vivir en este mundo de organización social, son para el Evangelio incompatibles.

      Este evangelio de Lucas nos invita a vivir y a tener una  perspectiva cristiana con respecto al dinero. San Agustín decía, "que el dinero es el estiércol del demonio". Sabemos que el dinero cuando en este sistema corrupto, excluyente e injusto del capitalismo se le pone en primer lugar como valor supremo en la sociedad, por encima de verdaderos valores humanos como: la solidaridad, la caridad, el trabajo, la persona, la justicia. Es que se convierte en un verdadero ídolo que pretende desbancar a Dios de su lugar y poner en desarmonia la convivencia social. 

    Ya Marx en su filosofía o ideología, hablaba sobre la "lucha de clases", está dinámica dialéctica de oposición se da en las sociedades precisamente por las desigualdades e injusticias generadas cuando al dinero o el capital se le pone por encima de la persona humana o de la colectividad.

     Ante ello, el mensaje de Jesús hoy, nos pone en aviso a los cristianos, que trabajemos no para acumular dinero o bienes materiales e incluso de una forma ilícita como robando o explotando, sino que lo tengamos para que nos ayuden a vivir de forma digna y que podamos con esos mismos bienes materiales prestar ayuda o solidaridad con aquellos más pobres, descartados de la población o vulnerables que requieren de nuestro apoyo.

Ante todo la misericordia de Dios en nuestra vida

 


14 de Septiembre de 2025.
24° Domingo ordinario, Ciclo: C.
Lc  15, 1-32.


"Alegrense conmigo, porque ya encontré la oveja [la moneda] [el hijo] que se me había perdido".


Este Evangelio de la misericordia de hoy se compone de 3 historias o parábolas. Estás ejemplificaciones las dio Jesús, porque los fariseos y los escriban se escandalizaban y murmuraba de que Jesús estaba y se reunía con los pecadores de Israel y comía con ellos.

La primera historia es aquella que el pastor pierde una de sus ovejas, sin embargo como no la quiere perder, va deja al rebaño (a las 99 ovejas) y realiza la búsqueda de la extraviada.  La encuentra, la carga en sus hombros y avisa a la gente contento que la ha encontrado. 

Luego la parábola de la mujer que tiene diez monedas de plata, pierde una y  enciende la luz y la busca con cuidado hasta que la encuentra. Feliz le avisa a las vecinas que ha recuperado su moneda pérdida.

Y luego viene la historia de hijo pródigo, que exige a su padre su herencia, se va a tierras extrañas malgasta el dinero, y luego viene un tiempo difícil, pasa hambre, reflexiona que su padre tiene abundancia y allá no pasaría penurias. Viene de regreso a la casa del padre, su hermano se encela porque el Padre en cuanto sabe que viene va a su encuentro y lo abraza lo besa, lo viste con buena ropa y anillo, mata el becerro gordo y hace una fiesta por recuperar a su hijo de sus entrañas, ayer perdido y hoy ahora encontrado.

Estás tres historias que Jesús hace, son para revelarnos que Dios es amor y que es misericordioso. El no quiere que nadie se pierda, sino que viva en abundancia. Por eso perdona y quiere que todos que somos obra de sus manos no nos perdamos en una vida contraria a los valores espirituales y del Reino de Dios.

La plenitud está en él, está en la gracia, está en la vida con Dios entre la comunidad. Seamos esos hijos pródigos que regresemos a la vida de Dios, de la mano de Cristo y en union con nuestros hermanos de comunidad.


La radicalidad de seguir a Jesús

 



Por Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar 


7 de Septiembre de 2025.
23° Domingo del tiempo ordinario, ciclo: C.
Lc 14, 25-33.


"El que a no renuncie a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo".

La radicalidad de vida que propone Jesús a sus seguidores, es evidente en esta frase evangélica que hoy tomamos para iniciar la reflexión de este pasaje de la escritura.

Hay un libro muy recomendado que deberíamos leer, porque nos ayudará mucho a entender el mensaje de Jesús y su perspectiva comprometedora para la vida. Dicha obra es 'Evangelios molestos' del escritor italiano Alessandro Pronzato  En ese tono "molesto" parece estar escrito este texto dominical que hoy nos ocupa. 

Jesús se dirige a sus discípulos y les dice, que si prefieren a su familia y así mismos más que a él y a su proyecto no puede ser sus discípulos. Y luego pone  2 parábolas, para reforzar lo anteriormente dicho.

La primera, es la del constructor que va hacer una torre y antes saca cuentas de cuánto le costará y calcula si podrá terminarla. Y no se expone a la burla pública por no poder concluirla (hacer el ridículo).

La segunda, el rey que saca sus tanteadas para ver si puede combatir a otro rey que trae el doble de sus tropas y para evitar la derrota en pérdidas humanas y materiales, enviaría una embajada de paz.

Jesús lo que nos propone hoy es, que los seguidores de Jesús tomemos muy en serio lo que implica ser cristianos, y trabajemos por los valores del Reino. Incluso, que  sea por encima de nuestros intereses; sean de horario, día, lugar, inclinaciones, expectativas, etcétera.

Porque el seguimiento de Jesús no es cosa fácil, requiere su esfuerzo y compromiso. Lleva muchas veces a qué nosotros mismos dejemos  condiciones de confort, seguridad, instalación y otras tantas, para poder vivir los valores de la comunidad, de los pobres o despreciados del mundo y trabajar por el Reino que Jesús vino a instaurar.