4 de Mayo de 2025.
III Domingo de Pascua, Ciclo: C.
Jn 21, 1 -19.
4 de Mayo de 2025.
III Domingo de Pascua, Ciclo: C.
Jn 21, 1 -19.
"Ocho días más tarde apareció Jesús".
Este texto del Evangelio de San Juan de este segundo domingo de Pascua, nos narra dos acontecimientos, que se llevan a acabo en dos momentos o tiempos diferentes. El primero fue el domingo de la resurrección de Jesús, donde nos dice la narración, que fue por la tarde. El segundo, fue ocho días despues.
En la primera aparición, el mismo domingo de la resurrección, pero ya por la tarde, Jesús resucitado se les aparece a sus apóstoles. Que se encuentran reunidos a puertas cerradas por temor. No vaya a ser que las autoridades judías los agarren y les puedan hacer lo mismo que a Jesús.
En ese primera aparición, ellos reconocen a su su maestro. Y él les entrega tres regalos: uno es la Paz al decirles: " La Paz esté con ustedes". Desde entonces hasta ahora, siempre el primer resultado que tengamos nosotros como individuos, cómo familia o como sociedad o comunidad al encontrarnos con Jesús será la Paz. No será qué la sociedad mexicana no tenga a Jesús entre sus familias y comunidades, que vivimos una violencia que apesta?
Luego el segundo regalo que les hace es el Espíritu Santo, al soplarles sobre ellos. Ese Espíritu de Jesús que es de misericordia, de compasión, de solidaridad y tantos otros valores. Que nosotros recibimos como seguidores o discípulos de Jesús el día de nuestro bautismo. Nos toca a cada uno de nosotros trabajar para manifestar ese mismo espíritu ante nuestras comunidades.
Y el tercer regalo que les hace es el perdón o la reconciliación: "Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen. Y serán retenidos a los que ustedes se los retengan". Ese mismo día Jesús instituye el sacramento de la confesión.
Luego viene la otra escena, la de Tomás. Ese discípulo no estaba reunido cuando se les aparece ese domingo por la tarde a los Apóstoles. Ellos le dicen, que Jesús se les apareció y estuvo con ellos. Pero el duda. No cree. Ante todo la evidencia. "El ver para creer". Y va más allá de forma desafiante, al decirles querer ver y tocar las huellas de la pasión dejadas en el cuerpo de Jesús.
Pasan 8 días después y en esa reunión si está Tomás. Vuelve aparecer Jesús. He inmediatamente el resucitado se dirige al incrédulo, para decirle que toque su mano y su costado para que crea. No le queda otra al discípulo exclamar: Señor mío! Y Dios mío! Y remata Jesús diciendo: " Ahora crees, porque me has visto, felices los que creen sin haber visto".
Está claro que para Dios es muy importante la fe. Sin ella carecemos de la fuerza necesaria para que Dios obre en nuestra vida. Dice la escritura que si tuviéramos una poquita de fe como una semilla de mostaza, diríamos a un árbol desplante y plantate a medias del mar y lo haría o a los montes que se mueva. Y ellos se moverían.
La fe es un don que Dios nos da muy grande. Es demasiado poderoso porque con la fe tenemos de nuestra parte toda la fuerza de Dios. Cultivemos el don de la fe cada día, pidiéndole a Dios un poco cada vez en nuestra oración.
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Por: Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar.
V domingo de cuaresma, ciclo C.
Jn 8, 1-11.
...y le preguntó: "Mujer, dónde están los que te acusaban? Nadie te ha condenado?". Ella le contestó: "Nadie, Señor". Y Jesús le dijo: "Tampoco yo te condenó. Vete y ya no vuelvas a pecar".
Con este quinto domingo de cuaresma y último, estaremos dando por terminado el proceso de este tiempo litúrgico importante que se caracteriza por reflexión, oración y sacrificio.
Pero antes que termine la cuaresma, la lectura evangélica nos ilustra con un pasaje de la escritura que nos habla de perdón. Es la misericordia que Jesús ejercer sobre una mujer acusada de ser adúltera o infiel. En la antigua cultura y tradición judía se castigaba está clase de acciones para las mujeres con la muerte. Siendo está la lapidación a pedradas.
Cómo siempre los enemigos de Jesús buscan un pretexto para hacerlo caer y acusarlo para llevarlo a la muerte. Le presentan esta mujer adúltera y le dicen que si debe de morir apedreada. Pero Jesús contesta poniéndose a escribir con su dedo sobre el suelo. Hay versiones de comentarios, que se dice, que él iba escribiendo los pecados de los que la acusaban. Y aparte deja ir una frase lapidaria: "El que esté libre de pecado que arroje la primera piedra".
Ante está acción contundente de Jesús, los condenatorios se van retirando desde el más viejo (el más pecador) al más joven. Y es donde aparece la maravilla de Jesús, que no sólo le salva la vida a esa pobre mujer, sino que la invita a tener una nueva vida y futuro mejor para ella.
Por eso hoy Jesús nos invita a que tengamos una vida mejor, no importa ya el pasado, sea como haya sido. Lo que hoy importa es que vivamos felices, en armonía, en paz y con amor. Cómo siempre Jesús nos ofrece una solución para nuestra vida, depende de nosotros que la tomemos. Nunca es tarde para iniciar una existencia plena, porque Jesús finalmente sabe y conoce nuestra historia y quiere lo mejor para nosotros.