Por Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar
01.Oct.2017.
XXVI.dom.ord.ciclo:A.
Ez 18, 25-28; Sal 24, 4-5.6-7.8-9; Flp 2,
1-11; Mt 21, 28-32.
“El padre se
dirigió a su segundo hijo…Éste le respondió: ´No quiero ir´, pero se arrepintió
y fue…Los publicanos y las prostitutas se les han adelantado en el Reino de
Dios”.
El Evangelio de este
domingo es una extensión, del que proclamamos el domingo pasado, es la misma
enseñanza pero con otro matiz. En esta ocasión Mateo nos plantea la parábola de
un padre que invita a sus dos hijos a trabajar en su viña. Uno le contestó que
sí iba, pero jamás fue. El mismo padre se dirigió al segundo, y la respuesta de
éste fue negativa: un No rotundo, pero se arrepintió (quizás pensó que había sido muy
poco solidario con lo que pedía su padre) y al final fue a trabajar a la viña.
Desde luego, el que finalmente hizo la voluntad de aquel padre fue el segundo porque hizo lo que quería el papá. Luego Jesús nos deja esta máxima: “Yo les
aseguro que los publicanos y prostitutas se les han adelantado en el camino del
Reino de Dios”.
Esta enseñanza que nos deja el Evangelio
tiene que ver finalmente con que a Dios le agrada que hagamos su voluntad,
quizás nuestra vida este llena de debilidades, de pecados o de injusticias,
pero basta con que reflexionemos profundamente y nos demos cuenta que vamos por
la vida por un camino inadecuado, entonces tomemos la determinación con la ayuda
de Dios de arrepentirnos y tomar la conversión. También esta lectura se
relaciona con la del domingo pasado en el sentido que Jesús nos llama a vivir y
a trabajar en favor del Reino de Dios; que al final el pagó es por igual al
principio o al final. Hoy en está sigue llamando a trabajar: quizás tú hermano siempre
con tu vida o tus acciones les has dicho un NO a Dios, es el momento que te des
cuenta que puedes ser afirmativo y decirle un Sí y trabajar por su Reino y
vivir; además que recibirás el justo
pago por tus servicios.
Quizás vivamos una religión de costumbre de
tradición o de rutina, pero no estamos evangelizados ni vivimos en conversión, seguimos viviendo con indiferencia. Por eso aunque conocemos gente que quizás
sea mala, viva mal o en pecado o sea como decimos en la sociedad de lo
peorcito, pero si esas personas llegan a conocer y experimentar el infinito
Amor de Dios; para ejemplificar nos lo dice el Salmo 24: “Acuérdate, Señor, que son eternos tu amor y
tu ternura…” cuantas veces al experimentar ese poderoso amor de Dios han cambiado, han dejado de lado su pecado o su
egoísmo y han iniciado una nueva vida. Esos hombres o mujeres de alguna manera se
adelantan al Reino en relación a muchos de aquellos que nos llaman santurrones, que son esa gente que a diario van a misa o comulgan, pero no existe un cambio de vida, se sigue viviendo en el egoísmo y la indiferencia.
La lectura del profeta Ezequiel tiene un
hilo conductor con la lectura de Mateo al decirnos: “Cuando el pecador se arrepiente del mal que hizo y practica la
rectitud y la justicia, él mismo salva su vida”.
Por su parte la carta
de filipenses: Nos habla de la humildad y la obediencia de Cristo a su Padre, y
cómo al humillarse y tomar la condición humana e incluso haber muerto en la
cruz, llevó hasta sus últimas consecuencias su vida. Pero la misma lectura nos
dice, como Dios Padre le dio el premio al exaltarlo sobre todas las cosas y le
otorgó el nombre que está sobre todo nombre, hasta darle el título de: El Señor.
Por eso en este
domingo 26° del tiempo ordinario Jesús nos invita a:
+Que obedezcamos a
la Palabra de Dios, pero no con buenos deseos, con buenos propósitos. Sino practicándola
de verdad y dejar la indiferencia, la tradición o la comodidad al vivir la fe.
+Que tratemos de
salir de esa rutina o modorra espiritual en que vivimos, haciéndolo definitivamente, para dejar de ir los domingos
a la celebración como una costumbre o tradición de tal modo que esa misa o nuestra práctica sacramental, no nos lleva a cambiar en nada el modo en que vivimos.
+Dejarnos amar por
Dios, y hacer un esfuerzo para acercarnos a él de muchas
maneras: en una visita al Santísimo para pedirle que cambie nuestro corazón; en
ayudar al prójimo que hemos visto bien jodido, y que lo ignoramos o fingimos “demencia” ante su sufrimiento.
De tal manera que
en este domingo demos un Sí a Dios, viviendo y haciendo su voluntad, para que siendo felices, cumplamos los mandamientos y trabajemos por el Reino y en servicio a nuestros semejantes.




