Por
Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar
17.Sep.2017.
XXIV.dom.ord.Ciclo:A.
Ecl 27, 33-28, 9; Rm 14, 7-8; Sal 102, 1-2.
3-4. 9-10. 11-12; Mt 18, 21-35.
“No te digo que
perdones siete veces, sino hasta setenta veces siete”.
El tema central de la palabra de Dios de
este domingo es la misericordia y el perdón. Estas dos palabras no significan
lo mismo; misericordia viene de ´Misere´ que significa desdichado y ´cordia´:
que es relativo al corazón, su significado es: ´desdichado del corazón´; pero
también viene del propio latín ´Miserere´ que es ´apiadate´ o apiadarse. Y la
palabra ´perdón´ viene de ´perdonar´ del prefijo per-(indica acción completa y
total) y donare- (regalar) es decir la palabra significa: “regalar definitivamente un acreedor al deudor aquello que le debía”.
Y por eso al tener ya claros los conceptos, entonces vamos a ver lo que
nos dicen las lecturas empezando por Eclesiástico, en uno de sus versos expresa: “perdona la ofensa de tu prójimo para
obtener tú el perdón”. Es clara esta lectura que nos muestra que la cualidad
más atrayente de Dios por parte del pueblo en el Antiguo Testamento era la misericordia.
La idea de ellos era que Dios siempre estaba dispuesto a perdonarlos cual fuera
su falta, pero también que ellos podían cambiar, es decir, que podrían convertir
su vida.
La idea central de Eclesiástico, que para obtener el perdón por parte de Dios, es que
él siempre está dispuesto a perdonarnos. También existe una correspondencia muy
clara, que él por justicia espera de nosotros perdonemos a nuestros
semejantes. Que seamos una imagen de Dios en eso (en el perdón), como de hecho lo somos cuando
él nos creó.
El Salmo 102, es un canto que clama al Dios misericordioso, porque su discurso en ello se centra. Abonan a esta idea del perdón un par
de versículos, que nos deja estás frases: “El Señor perdona tus pecados y cura tus enfermedades”... “El Señor no nos condena para siempre, ni nos guarda rencor perpetuo. No nos trata como merece nuestras culpas...”.
Por su parte, la lectura de Romanos dice que nuestra vida y nosotros mismos somos del Señor. “Porque Cristo murió y resucito para ser Señor de vivos y muertos”. Esta realidad de ser de Dios (sus hijos) nos compromete para ser misericordioso como lo es él.
En el Evangelio de Mateo, Pedro pregunta a Jesús, qué cuántas veces tenemos que perdonar. Si Siete veces, y Jesús le contesta, que no Siete sino Setenta veces Siete. En el mundo bíblico, en la cultura hebrea, el número siete significaba totalidad, ya que el siete era el número de Dios. Jesús le da la respuesta a Pedro: el que siempre debemos de perdonar.
Pero para ejemplificar esa pregunta, Jesús le narra una parábola, de un mayordomo que le debe mucho al rey, y éste le cobra pero al no tener con qué pagarle, quiere que a todos sus bienes y personas (esclavos, esposa, hijos y a él mismo) sean vendidos para recuperar lo que le prestó. Pero este mayordomo clama que no tiene y que tenga misericordia de él, el rey consciente de su situación se compadece del mayordomo y lo perdona. Pero éste hombre al salir, ve a un hombre que le debe y le exige sin misericordia que le pague, y lo pone en la cárcel hasta que le entregue hasta el último centavo que le debe. Al darse cuenta el rey de esa injusticia en el obrar de su mayordomo, lo manda traer y le recrimina su inconsciencia y falta de misericordia, solidaridad y humanidad hacía su semejante. Y entonces justamente el rey lo entregó a los verdugos para que lo encerrarán en la cárcel hasta que le pagara hasta el último centavo de la deuda.
Con esto, nos queda claro que Dios, nos pide una correspondencia entre lo que pedimos a él y nos da, y lo que nosotros damos a los demás. Si él nos perdona, nosotros también debemos de perdonar. Así lo rezamos en la oración del Padre Nuestro: “Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. Sabemos que cuando guardamos un rencor y no perdonamos, aquello lo portamos en nuestro corazón y, muchas veces ese rencor lo traemos como una carga, y no descansamos hasta que lo sacamos otorgando el perdón.
Es por eso que en este domingo, con el tema de la misericordia y el perdón, tomemos en cuenta que:
+Perdonar es una decisión que tomamos, es eliminar la venganza, es tratar de olvidar, es reintegrar al otro en nuestra oración, en nuestra ayuda y en nuestra comunión.
+Perdonar es olvidar y no vivir con resentimientos por alguna afrenta del pasado, sino pedirle a Dios y poner esa situación en sus manos, para que él nos ayude a liberarnos.
+El perdón es un proceso que debemos de trabajar, para tener en nuestra mente y en nuestro corazón ese sentimiento de misericordia hacía el otro.
Por eso en este domingo Jesús nos invita a: “No te digo que perdones siete veces, sino hasta setenta veces siete”.

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