Por
Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar
03.09.2017.
XXII.Dom.ord.ciclo: A.
Jr 20, 7-9; Sal 62; Rm 12, 1-2; Mt 16,
21-27.
“El
que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga”.
Este domingo, las
lecturas que nos propone la liturgia de la palabra son de una profundidad y
riqueza significativa para todos los cristianos. En ellas encontramos dos
enseñanzas fundamentales y fundacionales para aquellos que queremos ser
verdaderos discípulos de Cristo: Una, el que tengamos una nueva mentalidad con
respecto a lo que significa el seguimiento a Jesús y su proyecto. Y dos, que
ese mismo seguimiento y ejecución de su proyecto, será y traerá como consecuencia
mucho sacrificio y lucha diaria de nuestra parte.
Es por eso que la idea central del
Evangelio de Mateo nos dice. “El que
quiera venir conmigo que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga”. Esa
frase reveladora va en el sentido de lo que nos dice San Pablo a los Romanos: “Ofrezcan[se] ustedes mismos como una
ofrenda viva, santa y agradable a Dios, porque en esto consiste el verdadero
culto. El auténtico cristiano se da cuenta que su vida está en el sentido
del Amor, por eso Jeremías dice: “Me
sedujiste, Señor, y me dejé seducir”. Y el Salmo 62, lo reafirma en uno de
sus versos, “mejor es tu amor que la
existencia”. Cuando por amor a Dios y en servicio a los
hermanos de la comunidad entregamos nuestra vida en acciones que sean de
beneficio común, es cuando estamos construyendo el Reino de Dios.
La construcción de ese Reino implica
muchas veces la renuncia a nosotros mismos, es decir, que dejemos de lado
nuestro egoísmo o aquellos instintos que nos destruyen y destruyen la armonía
con los demás (comunidad). La maldad, la exclusión, el odio y otras muchas
cosas negativas no abonan para la construcción de un mundo más humano, más
fraterno y más cristiano. Por ello tanto Mateo cono Jeremías nos lo dicen: “Por anunciar la palabra del Señor, me he
convertido en objeto de oprobio y de burla todo el día […] he sido el hazmerreír
de todos; día tras día se burlan de mí”. Y Jesús lo anunciaba: “que tenía que ir a Jerusalén para padecer mucho…tenía que ser
condenado a muerte y resucitar al tercer día”.
Para que podamos hacer realidad la
propuesta que nos hace hoy Jesús, debemos tomar en cuenta la segunda enseñanza
que nos hace hoy la palabra. La lectura de Romanos no dice un principio que
todo cristiano de este tiempo tiene que tener en cuenta: “No se dejen transformar por los criterios de este mundo, sino dejen
que una nueva manera de pensar los transforme internamente”. Esta idea se
refuerza con la aclamación antes de Evangelio se lee, “Que el Padre…ilumine nuestras mentes para…comprender…la esperanza que
nos da su llamamiento”. Y finalmente Jesús lo reafirma: “…Y no intentes hacerme tropezar en mi
camino,…tu modo de pensar no es el de Dios, sino de los hombres”. Esta
nueva mentalidad o esta forma de ver la vida y el mundo, con los “ojos” de Dios,
será la que nos convierta en verdaderos cristianos.
Por ello en este
domingo nos invita Jesús a:
+Que como bautizados,
tomemos conciencia, que nos toca asumir los compromisos que trae el seguimiento
a Jesús.
+Nos comprometamos con
nuestra comunidad en buscar el bien común de la sociedad, en un acción concreta,
sería cuidar la naturaleza, eso que el papa Francisco llama el cuidado de la
casa común.
+Buscar siempre
acrecentar esa nueva conciencia o mentalidad, por medio de la oración diaria,
la lectura y reflexión de las Sagradas Escrituras a fin que vaya conformándose ese
criterio de Dios en nosotros.

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