viernes

El perdón y la comunidad



Por Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar
10.Sep.2017.
XXIII.dom.ord.ciclo:A.
Ez 33, 7-9; Sal 94, 1-2. 6-7. 8-9; Rm 13, 8-10; Mt 18, 15-20.

“Si tu hermano te escucha, lo habrás salvado”.

Este domingo XXIII del tiempo ordinario nuestras lecturas se centran en dos temas, la reconciliación y la comunidad. En la primera lectura del profeta  Ezequiel es muy clara porque nos dice: que el mandato que hace Dios para él (profeta) era que confronte (que le dijera) al malvado o aquella persona que estuviera haciendo el mal, para que se apartara de ese camino. Ese deber de denunciar el mal era una obligación del profeta porque así se lo pide Dios al profeta: “Si yo pronuncio sentencia de muerte contra un hombre, porque es malvado, y tú no lo amonestas para que se aparte de su mal camino, el malvado morirá por su culpa, pero yo te pediré a ti cuentas de su vida”. En razón de que si nos hacemos de la vista ciega de alguna manera somos coparticipes de la maldad. Por eso el Salmo 94, en su antífona: “Señor, que no seamos sordos a tu voz”. Y remata en uno de sus versos: “Hagásmole caso al Señor…No endurezcan su corazón…”.

     Existe lo que se llama pecado personal, pero también existe una situación negativa que impera en nuestras sociedades, este factor anómalo  la Iglesia lo llama pecado social. Es por eso que nosotros como parte de esa gran comunidad que es la sociedad y de esta otra comunidad que es la iglesia, estamos llamados a denunciar esas irregularidades y si son parte de nuestra familia aquellas personas que obran mal, de alguna manera exhortarlos a que dejen de hacer daño a la comunidad de la que son parte.

     El apóstol Pablo en su mensaje  hoy se centra en el tema del Amor o la Caridad, porque como nos lo dice: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, pues quien ama a su prójimo no le causa daño a nadie”. En ese sentido nos habla del amor mutuo (comunidad) que nos lleva a cumplir la ley.

     En la liturgia de la palabra, ahora antes de que se proclame el Evangelio, el texto está tomado de Corintios no dice: “Dios ha reconciliado consigo al mundo, por medio de Cristo, y nos ha encomendado a nosotros el mensaje de la reconciliación”. Es claro que esa encomienda de anunciar el perdón está dada para la Iglesia y, a nosotros, los fieles toca perdonar y llevar ese perdón a la comunidad.

     El Evangelio de Mateo es muy claro con respecto a uno de los aspectos más importantes de la gran comunidad que es la Iglesia: Es el perdón. Con la frase: “Yo les aseguro que todo lo que aten en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo”. Es la frase justa que nos habla de la reconciliación al perdonarnos. Conocida también como la ley de la correspondencia: “Como es arriba es abajo y como es abajo es arriba”.  Este acto de la reconciliación se hace como una corrección fraterna, que debe de ser una acción de caridad. Debe de ser realizada de forma amistosa, haciéndola previamente con el interesado y evitando situaciones embarazosas. Y como último recurso debe de ser acompañado por otro (testigo), y si no hay remedio, entonces si pedirle a la autoridad intervenir (gobierno) para evitar más daño a la comunidad.

Ante estas lecturas de la Palabra de Dios de este domingo, nos invitan a:

+Darnos cuenta y tomar conciencia que muchas de las acciones que tanto individualmente como colectivamente hemos alimentado, que son situaciones inconvenientes y que dañan a la comunidad  (sociedad)  son pecado social.

+Hacer acciones que nos lleven al acercamiento con los hermanos, y si estamos cometiendo faltas o debilidades que vulneren a nuestros semejantes o a la comunidad, nos ayuden en la reconciliación, y para posteriormente transformar nuestras acciones.

+Denunciar aquello que vulnere la paz, la justicia y el orden en nuestras comunidades,  porque si somos indiferentes a ello de alguna forma somos parte de ese problema, y en lugar de solucionar el problema lo estamos dejando hacerse más grande.
      
    


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