miércoles

La encomienda de Pedro




Por Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar

27.08.2017.
XXI.Dom.ord.ciclo: A.
Is 22, 19-23; Sal 137, 1-2a. 2bc-3. 6. 8bc; Rm 11, 33-36; Mt 16, 13-20.

“Tú eres Pedro y yo te daré las llaves del Reino de los cielos”

Las lecturas de este domingo nos dejan consigo muchas enseñanzas, mismas, que vamos a desglosar. Es claro que la lectura del profeta Isaías se conecta directamente con el Evangelio de Mateo al decirnos en la misma: “Pondré la llave del palacio de David sobre su hombro. Lo que él abra, nadie lo cerrará; lo que él cierre, nadie lo abrirá”. La frase anterior es muy parecida a la evangélica que nos dice: “Yo te daré las llaves del Reino de los cielosTodo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo”.  Pero no solo estas dos frases serán paralelas, sino que en ambas lecturas vendrá un segundo par de frases análogas que nos dicen: “Lo fijaré como un clavo en muro firme y será un trono de gloria para la casa de su padre”, así no los deja fijado Isaías, y Mateo nos dice: “Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia…”.

     Este paralelismo entre ambas lecturas nos enriquece y reafirma la comprensión de la figura de Pedro, como el pontífice de la Iglesia católica. Misma que ha sido puesta por Jesucristo como un servicio pastoral permanente hasta la consumación de los siglos. En uno de los versos del salmo 137 lo confirma: “Señor, tu amor perdura eternamente; obra tuya soy, no me abandones”.

     El texto de San Pablo a los Romanos, con la profundidad que le es característica, nos habla del Dios de la historia, nos dice del dominio que tienes Dios sobre el mundo y la historia de una manera amorosa y sabia. Y esta lectura nos ilumina para entender su autoridad y por antonomasia la autoridad que le otorga a Pedro (el Papa) al decirnos: “En efecto, todo proviene de Dios, todo ha sido hecho por él y todo está orientado hacia él”.  

     Y finalmente tenemos la lectura de Mateo, con ella nos narra la historia en que Jesús pregunta a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre? A lo que le responden que unos dicen que es Juan el Bautista, otros que el profeta Elías, y otros más que Jeremías. Al ver las respuestas que lo comparan con profetas del Antiguo Testamento nos damos clara idea que en el tiempo de Jesús era vista su persona como un profeta, pero no lo habían reconocido como El Mesías que era y que esperaba el pueblo de Israel.

     Sin embargo, Jesús directamente los interpela, a ellos con la pregunta: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo? Y Simón por una inspiración divina le dijo: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”, con esa respuesta, Jesús, lo premia dándole la potestad (el ser cabeza) sobre la Iglesia y al darle las llaves del reino de los cielos, Pedro (hoy el Papa) tiene plenos poderes pastorales de servicio para la Iglesia universal.

Por ello, en este veinteavo domingo ordinario, Jesús nos invita a:

+A ver por las necesidades espirituales del sumo pontífice (que es sucesor de Pedro), de modo tal que hagamos oraciones y ofrezcamos sacrificios agradables a Dios por sus intenciones.   

+Ayudar materialmente a la Iglesia, y a la petición que anualmente nos hace el óbolo de San Pedro (que es una colecta anual que se hace en todas las diócesis, y es por las necesidades que presta ayuda la Iglesia universal en favor de situaciones apremiantes en el mundo)

+Busquemos las enseñanzas que nos hace el magisterio de la Iglesia y el sumo pontífice (Papa Francisco) a través de medios de comunicación: prensa, documentos impresos o página web de El Vaticano, para seguir y conocer las orientaciones que él nos hace.

viernes

Dios misericordioso e incluyente



20.08.2017. 
XX.Dom.ord.ciclo:A.
Is 56, 1.6-7; Rm 11, 13-15. 29-32; sal 66; Mt 15, 21-28. 

..."Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas"... 

En la celebración de la liturgia de la palabra de este domingo el tema central es doblemente significativo: La misericordia de Dios para con todos, y la inclusión de toda la humanidad (los gentiles o paganos) en la posibilidad de que sean acogidos como Pueblo de Dios y por ende en la salvación. 

      El pueblo de Israel fue favorecido por Dios como un pueblo elegido, es decir, como una nación que tenía a Yavé como su Dios y Yavé tenía al pueblo como su pueblo elegido. Esta dicotomía entre el pueblo y su Dios (Yavé) hizo que Israel tomara a las naciones o pueblos extranjeros como paganos y los rechazaran. 

     Desde luego que esa exclusión no entraba en el plan de Dios, dado que todos somos obra de sus manos, él quería manifestar su misericordia para con todos. Por ello, en la lectura del profeta Isaías nos dice: "A los extranjeros que se han adherido para servirlo, amarlo y darle culto ...los conduciré a mi monte santo y los llenaré de alegría en mi casa de oración ...porque mi templo será casa de oración para todos los pueblos". 

     El Salmo 66 que se proclama este domingo nos reafirma esta inclusión salvadora, cuando nos dice en uno de sus versos: "Que te alaben, Señor, todos los pueblos...Que conozca la tierra tu bondad y los pueblos tu obra salvadora". 

   San Pablo a los Romanos, nos dice, claramente, que nosotros los gentiles hemos alcanzado la salvación por la rebeldía del pueblo elegido por Dios o sea por Israel, y de esa forma nosotros que no eramos originalmente el pueblo elegido, por la misericordia de él nos hemos hecho pueblo de su heredad. En ese sentido el vínculo de la salvación ha sido la Iglesia que es apostólica y por ella nos ha llegado la fe que nos salva. 

    Y en el Evangelio de San Mateo, nos narra la historia de una mujer cananea o sea de una región fuera de Israel y pagana. Ella solicitaba a Jesús la curación de su hija de una posesión demoníaca. Gritó; "Señor, hijo de David, ten compasión de mí". Cristo no le hacía caso, sin embargo sus discípulos molestos por la gritería de la mujer le solicitaban al Maestro que la atendiera. Jesús le dijo: Que él había sido sino enviado por el Padre para atender las ovejas descarriadas de Israel. La mujer se postró mostrando humildad y le volvió a solicitar ayuda, a lo que Jesús le replicó: "No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselos a los perritos". En el tiempo de Jesús los extranjeros eran vistos por los judíos como animales o sea despreciativamente como perros.  Pero la mujer ante eso no se echa para atrás, y dice que los perritos comen de las migajas que caen de las mesas de sus amos. De alguna manera con esa frase nos dice que los perritos tienen el privilegio de comer lo mismo que sus señores amos comen. 

     Al ver Jesús esa convicción en la fe de aquella mujer, por ipso facto, llega lo que ella buscaba que era la liberación de su hija, y con ello la misericordia de Dios. 

Por ello, en este domingo, Jesús nos invita hoy a: 

+Tener fe en Jesús, porque él puede ayudarnos en nuestras necesidades del día a día, basta pedírselo con fe e insistencia, como aquella mujer cananea: "Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas".

+A mostrar misericordia para con nuestros semejantes, que se concretiza en acciones a favor de los más necesitados o excluidos de nuestra sociedad, a ejemplo de Jesús, que como no lo dice la escritura, pasó por el mundo haciendo el bien.

+Como parte de esa gran comunidad de creyentes que es la Iglesia y de la cual a través de su misión hemos recibido los dones de la fe y somos Pueblo de Dios, apoyemosla en sus obras de caridad, como pueden ser los ayunos solidarios o cáritas, que es una forma de solidaridad y misericordia para nuestros hermanos necesitados.