Por Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar
1 de Marzo de 2026.
II dom. Cuaresma. Ciclo. “A”.
Gén 12, 1-4; Salm 32, 4-5. 18-20. 22; 2Tim 1, 8-10; Mt 17, 1-9.
“Su rostro se puso
resplandeciente como el sol”.
Estamos arribando al
segundo domingo de cuaresma. Tiempo fuerte, especial, para la Iglesia porque
significa una preparación para la Pascua. Es momento de reflexión, de
conversión (cambiar o mudar la vida), de penitencia o Ascesis. Para los
cristianos este tiempo debiera de ser un alto en nuestra vida y ver que estamos
haciendo y qué deberíamos estar cambiando de nuestra vida. Por ello las lecturas de la liturgia nos
proponen el tema del seguimiento de Jesús.
La primera lectura del libro de Génesis
nos habla del llamado que le hace Dios al patriarca Abraham, de ser un padre para el pueblo elegido por Dios. Cómo con la gran fe de este hombre tiene para que parta a esa tierra
prometida con la bendición de Dios. Es la vocación de este padre de Israel, y a la vez su respuesta a ese llamado lo que hace de este personaje algo
grande a los "ojos" de Dios y una bendición para su pueblo y todos los de la tierra.
El Salmo 32 nos da algunas claves que
reafirman la respuesta pronta y sin vacilación de Abraham al llamado que le
hace Dios, al decirnos: “Sincera es la
palabra del Señor y todas sus acciones son leales”...Y continua diciendo en
el salmo; “Cuida el Señor de aquellos que
le temen y en su bondad confían”. Con ellos nos dice que fue la fe de aquel
patriarca la que Dios premió bendiciéndole a él y a su heredad.
Pablo con la misma sintonía sigue la
segunda carta a Timoteo, donde nos dice que Dios nos ha llamado a consagrar
nuestra vida, como un don o regalo que nos hace, no por nuestros méritos sino
por pura gracia. Y al final hay un versículo en la lectura que nos comunica con
el Evangelio de Mateo que hoy se proclama; “…Cristo
Jesús, nuestro Salvador, que destruyó la muerte y ha hecho brillar la luz de la
vida y la inmortalidad”. Directamente nos remite a esa transfiguración que
verán los discípulos Pedro, Santiago y Juan.
Finalmente el Evangelio de Mateo nos narra
el acontecimiento de la Transfiguración del Señor. En esa lectura tiene mucha
profundidad y muchos símbolos sobre lo que significa el seguimiento de Jesús,
nos limitaremos a decir que el maestro llamó a los tres discípulos y los llevó
al lugar donde se daría esa extraordinaria transformación. Ahí Pedro le propone
hacer tres chozas para cada uno de los “aparecidos” que es Moisés (representa
la ley) Elías (el profetismo) y Jesús (la Iglesia). Sin embargo el llamamiento
de Dios nos hace tiene que ver, sí, con esa plenitud que se dará al final de
nuestra vida o de los tiempos, pero sobre todo hoy tiene que ver con lo que significa ese seguimiento de Jesús que implica la cruz, se traduce eso en compromiso, apoyo,
solidaridad, conversión, en ser cristianos que vivimos nuestra vida en una
lucha continua por logra ese Reino que Cristo vino a instaurar y que quiere para nosotros.
Por ello, la
propuesta de Jesús hoy en este segundo domingo cuaresmal es:
+A que como
cristianos tratemos de vivir nuestra vida de fe, no aislada o a nuestro gusto,
sino que seamos integrativos en la comunidad, para ser testigos de la
transfiguración de Jesús.
+Dar respuesta
genuina a ese llamado que Dios nos ha hecho como cristianos a vivir en el
servicio y el amor a los demás, de tal manera que podamos ser portadores de
esta transformación que requiere la sociedad a un mundo nuevo.
+Saber que el precio
que tengo que pagar por ser discípulo de Jesús no es precisamente estar en un
estado de confort sino por el contrario ir tomando conciencia que también
significa ese llamado de ser discípulo la experiencia de la cruz que no
precisamente es agradable o es cómoda, sino que trae ese misterio de la
penitencia.
Para que de tal forma,
en este segundo domingo cuaresmal podamos ser testigo del Jesús al hacer nuestra
estas palabras: “…Una nube luminosa los cubrió y de ella salió una voz que
decía: “Este es mi hijo muy amado, en quien tengo puesta mis complacencias; escúchenlo”.

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