Por Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar
31 de Agosto de 2025.
22° Domingo ordinario, ciclo: C.
Lc 14, 1. 7-14.
"El que se engrandece a sí mismo, será humillado y el que se humilla, será engrandecido".
Hoy el Evangelio nos habla del valor de la humildad. El mensaje es más que claro y directo, Jesús quiere que sus apóstoles y discípulos sean humildes.
A diferencia de nuestros primeros padres, Adán y Eva, que por el pecado de la soberbia perdieron el paraíso; el nuevo "Adán" que es Jesús, nos ofrece la virtud o el valor de la humildad para ganar la vida eterna.
Deja en claro Jesús, que quienes quieran ser ciudadanos del Reino, debe habitar en ellos la buena manera de ser humildes y sencillos. Para eso nos deja 2 parábolas o historias. Una de ellas nos invita a no buscar notoriedad por notoriedad: "Cuando te inviten a un banquete de bodas, no te sientes en el lugar principal...por el contrario ocupa el último lugar". Esto quiere decir, no alardear, no estar siempre preocupados por nuestra imagen y prestigio. No buscar ser importantes, en lugares importantes y con gente importante. La humildad aquí sería: Aceptar el lugar que Dios nos da en la vida.
La segunda parábola o ejemplificación que Jesús nos da es, que no debemos hacer buenas obras para alardear o para que estemos puestos en los ojos de otros, sobre todo los poderosos, y buscar siempre buena reputación: "Ay mira que bueno es"!!. Para que realmente valgan nuestras obras deben estar mezcladas de humildad.

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