26 de abril de 2026.
IV Domingo de Pascua o del Buen Pastor (Ciclo A).
Hch 2, 14a. 36-41; 1 P 2, 20b-25; Jn 10, 1-10.
“Yo soy la puerta de las ovejas… Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”.
Hemos llegado al cuarto domingo de la Pascua, conocido como del buen pastor. Jesús nos habla a los cristianos de hoy simbólicamente, que él es la puerta del aprisco por donde pasa su rebaño. En este día nos invita a escuchar y reflexionar su palabra para ponerla en práctica.
La lectura de los Hechos de los Apóstoles nos recuerda que Jesús está constituido como Señor y Mesías. Para aceptarlo como tal, debemos convertirnos y así recibir al Espíritu Santo; de esta manera, nos ponemos a salvo de un mundo que no siempre nos edifica.
Por su parte, en el Salmo 22, el salmista nos muestra cómo Dios, en su rol de pastor, provee todo a sus ovejas: alimento y un lugar para el descanso. El pastor las nutre, las trata con bondad y las protege de los peligros inherentes a su entorno.
La primera carta de san Pedro nos invita a soportar los sufrimientos propios de este mundo, tal como Jesús lo hizo durante su paso como hombre en Galilea. Él vivió para la salvación del género humano, y gracias a su testimonio y compromiso lo reconocemos como nuestro salvador, guardián y guía (nuestro pastor).
El Evangelio de Juan de este domingo nos enseña que el Buen Pastor es la puerta del redil, pues él cuida y guía a las ovejas para que entren y salgan a pastar sin exponerse a los peligros del campo, como fieras, accidentes o extravíos. Precisamente por esto Jesús es la puerta y el pastor: demostró serlo al ofrecer su vida (mediante su muerte y resurrección) por todos nosotros (sus ovejas), para que tengamos vida en abundancia.
Esta parábola del Buen Pastor se dirige a toda la Iglesia: al papa, a los obispos, a los ministros y consagrados, así como a los laicos y agentes de pastoral. Nos llama a ser como Jesús, responsables con aquello que se nos confía. El papa y los obispos tienen una responsabilidad hacia toda la Iglesia; los sacerdotes, hacia sus fieles; los padres de familia, hacia sus hijos; y los maestros, hacia sus alumnos. Todos tenemos un deber que debemos asumir para alcanzar la realización plena de nuestra vocación.
Por ello, Jesús, el Buen Pastor, es el ejemplo supremo, pues supo dar la vida por sus ovejas para que estas tengan vida en abundancia.
En este domingo del Buen Pastor, Jesús nos invita a:
+Asumir nuestro compromiso cristiano de servicio a los demás, a pesar de las dificultades que conlleve esta labor diaria.
+Dedicar tiempo a la construcción de un mundo mejor, siguiendo su ejemplo. Ya que este es el entorno en el que nos ha tocado vivir, hagamos de él un aprisco donde las "ovejas" puedan descansar: un lugar más humano y fraterno.
+Vivir una conversión personal y comunitaria, aceptando a Jesús como nuestro Señor y Salvador, quien en su infinita generosidad entregó su vida por nosotros para que tengamos vida en abundancia.

Cristo N. S. estrictamente VIVE....no vivió...
ResponderBorrarClaro que Jesucristo vive porque resucitó. Vivió si entre nosotros en cuerpo y alma material hace 2000 años, hoy está con nosotros espiritualmente pero no por no verlo él está ausente de nuestra vida. Saludos hermano está clarísimo Él vive, saludos desde Ciudad Guzmán, Jalisco, México.
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