martes

Para los cristianos de hoy Jesús resucitado qué debería ser

30.04.2017.
3er. dom. Pascua. Ciclo: A.
Hch 2, 14. 22-28; Sal 15; 1 SP 1, 17-21; Lc 24, 13-35.

“Lo reconocieron al partir el pan”.

     Las lecturas de este tercer domingo de pascua, nos muestran un don fundamental en la fe de todo cristiano. Este don o regalo de Dios es la esperanza. En la primera lectura de Hechos de los Apóstoles, Pedro proclama a los israelitas, como la vida y acción de Jesús ha tenido  consecuencias para él, para sus seguidores (amigos) y para el propio pueblo que lo crucificó, pero que todo eso había sido según el plan previsto por Dios, que era la salvación, para llevar a su pueblo la esperanza citando al salmo 15 en voz del rey David.

     La primera carta de San Pedro, nos exhorta a que vivamos según la dignidad que nos ha dado Cristo, dado el valor que él ha pagado con su sufrimiento y su sangre para que nosotros podamos tener la justificación delante de Dios, y vivir en la esperanza de una salvación perene.

     Los tres textos anteriores se relacionan ampliamente con el Evangelio de Lucas, donde nos narra sobre los discípulos de Emaús y su encuentro fortuito con Jesús resucitado, pero que ellos por la desesperanza y los sucesos de la pasión y muerte de Cristo, se sienten confundidos. Ya él les preguntó la razón de su turbación o desasosiego, a lo que ellos le cuentan del poder de su maestro y los lamentables sucesos de su crucifixión muerte e incertidumbre por tales acontecimientos, pero ahí en sus propias palabras se asoma una lucecita esperanzadora, dado que cuentan sobre lo que han dicho los otros discípulos sobre que las mujeres no encontraron el cuerpo de Jesús, ni otros dos discípulos varones.

     Fue ahí donde Cristo los reprendió como necios por su falta de confianza (fe) en los sucesos que habían acontecido posteriores al drama del Gólgota. Entonces les empieza a decir, que este suceso ya había anunciado desde los antiguos profetas y que así debía de acontecer. Para finalmente, ellos mismo por sentir o ir reconociendo esas divinas palabras en el fondo de su corazón le dicen, que no siga el caminando a donde va sino que se quede con ellos. Ya al estar todos en la mesa, él partió el pan y fue cuando lo reconocieron. Pero se les desapareció. Así comentando los dos este suceso, y como con sus palabras sentían que les ardía el corazón. Se levantaron de donde estaban y regresaron a Jerusalén para anunciarles a los otros discípulos que habían visto a Jesús resucitado, y como lo habían reconocido en la fracción del pan, para ser ellos mismos testigos de la resurrección de su maestro.

     De tal forma que hoy para muchos de nosotros, el Evangelio, nos invita a creer en Jesús, en tener esperanza en él y en su proyecto.  Ese don solo será posible si antes creemos en él y asumimos nuestro compromiso de cristianos  A veces caminamos por la vida solo con nuestras propias fuerzas e ideas, pero sin poner nuestra fe y esperanza en él y su divino designio. Es  por eso, que caminamos sin rumbo y sin ton ni son, en una soledad y vacío existencial. Somos tantos que vivimos así, sin que contemos con esa fuerza esperanzadora y vivificadora que nos da el encuentro vital con Jesús.

Es por lo tanto, que en este tercer domingo de cuaresma Jesús nos invita a:

+Abrirnos a vivir su esperanza resucitadora en nuestra vida, para no estar en un vacío interior.

+Asumir como los discípulos de Emaús, un testimonio de encuentro con Jesucristo vivo y resucitado, que nos haga cambiar congruentemente nuestras creencias egoístas y nuestras inercias estériles.

+Vivir y ayudar a los demás (prójimos) a crear un mundo mejor, más propio de la dignidad de hijos de Dios que hemos recibido con el bautismo, asumido plenamente con la conciencia que somos ganados con el precio de la sangre de nuestro Salvador.   




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