19.06.2016.
Domingo XII del tiempo ordinario, ciclo:C.
Za: 12, 10-11;13, 1; Ga: 3, 26-29; Lc: 9, 18-24.
…”Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo? Respondió Pedro: “El Mesías de
Dios”.
Desde la lectura del Profeta
Zacarías, ya se va prefigurando la presencia de ese Mesías sufriente. Que desde
el momento de su muerte (la cruz) se van recibiendo las gracias de la redención
no solo para la casa de Israel o sea para los judíos sino también para toda la
humanidad.
Por Cristo y todo lo que él implica: su
misión traducida a pasión, muerte y resurrección, nos justifica a todos los que
nos decimos sus seguidores (cristianos) formamos parte de la gran familia de
Dios: “Ya no existe diferencia entre judíos y no judíos, entre esclavos y
libres, entre varón y mujer, porque todos ustedes son uno en Cristo
Jesús”.
El Evangelio de Lucas toma el relato de la
pregunta a sus discípulos a cerca de él: ¿quién dicen que soy yo? La pregunta no
es sólo histórica para esos primeros seguidores de Jesús, sino es para todo
cristiano de todos los tiempos. Y hoy toma actualidad para nosotros los
cristianos del presente siglo XXI, o como dijeran un filósofo para los
seguidores de Jesús en esta época post-moderna.
Para nosotros quién es Jesús, más que una
respuesta aprendida en el catecismo o en lo que nos han enseñado nuestros
padres, debe de ser una vivencia. La respuesta nos lleva a lo que es realmente para
cada uno de acuerdo a lo que vivimos y somos, es como será Jesús para nuestra
vida. A veces a Cristo lo adoramos como “Dios”, pero no es el centro de nuestra
vida. Lo confesamos como “Señor”, pero vivimos de espaldas a él, sin saber cómo
era o qué quería. También le decimos “Maestro”, pero nos comportamos como sino
fuéramos sus discípulos suyos. Lo confesamos abiertamente como Dios y Señor
nuestro, pero a veces apenas significa gran cosas en las actitudes que inspiran
nuestra propia vida.
Pero en cambio si vivimos una fe en el
hijo de Dios plena, conciente y activa, nuestra respuesta será vivificante,
pero sino es así, será una respuesta como ya dijimos de “muerte”, sin la
vitalidad y el brillo de la alegría y el ánimo en ir construyendo con la
comunidad el proyecto que Jesús nos propone, que es su Reino.
Es por eso que para este domingo
la propuesta de Jesús es:
+Somos conscientes que en el
rostro sufriente del otro, ahí se hace presente Jesús, que nos invita a
reconocerlo y a estar con él.
+Hacemos un esfuerzo por conocer
realmente quién es Jesús, a través de la oración que nos ilumina, de la lectura
de las Sagradas Escrituras que nos orienta y de la Eucaristía que nos
alimenta.
+Vivimos la misión de Jesús en el
servicio, que es uno de los rostros de Jesús. ¿Damos un poco de nuestro tiempo
y esfuerzo para construir una mejor comunidad humana y parroquial?
Porque sólo si vivimos con Jesús, a modo personal, con los demás y con el cosmos (la naturaleza) entonces sí
sabremos realmente quién es el hijo de Dios.

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