Por Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar
7 de -Noviembre- de 2025.
II. dom. adv. Ciclo: "A".
Is 11, 1-10; Salm 71, 1-2. 7-8. 12-13.17; Rm 15, 4-9; Mt 3, 1-12.
"Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos"
En este día llegamos al segundo domingo de adviento, ya hemos avanzado un poco en este tiempo de preparación para recibir en nuestro corazón a Cristo para la navidad que se aproxima. Hoy las lecturas se centran en dos temas que son fundamentales y fundacionales para todos los cristianos, vale decir, para la Iglesia de hoy, que son el Espíritu Santo y la conversión.
En primer lugar el mensaje que nos deja la lectura de Isaías, nos habla de una tiempo nuevo de una era nueva en la humanidad. Para que eso ocurra debe de estar sustentada en Jesucristo, que ya desde hace más de 2000 años vino a restaurar a la creación caída. Este tiempo es pues el del Espíritu Santo, después que resucitó Jesús se fue para enviarnos al paráclito, este Santo Espíritu nos trajo el bautismo de fuego (como aconteció en Pentecostés) es ahí donde se instaura el Reino: La era del Espíritu. Pero qué ha pasado, por qué todo lo que nos anuncia el profeta Isaías, esa maravillas, no acontecen hoy en nuestra vida o en la vida de la sociedad?
Dado que ese renuevo del tronco de Jesé, como dice Isaías, es Jesús el enviado de Dios, Él viene con los 7 dones del Espíritu de Dios, porque vendrá a establecer una nueva humanidad (el Reino) donde se le dará justicia a los pobres y habrá eso que llaman utopía, así lo describe un verso del texto: "Habitará el lobo con el cordero, la pantera se echará con el cabrito, el novillo y el león pacerán juntos y un muchachito los apacentará". Osea una humanidad armónica en justicia y paz. Al final nos dice que Cristo será el centro de la humanidad, porque todos las naciones lo buscarán.
En segundo lugar, con respecto a la respuesta a la interrogante del por qué esto que anuncia el profeta no se realiza, la respuesta es pronta, porque nos falta conversión. Nos falta cambiar muchas cosas de nuestra vida, de nuestra mentalidad y de nuestro comportamiento para los demás. De cambiar las estructuras injustas y deshumanizantes del sistema vigente actual de la sociedad. Como cristianos no hemos apostado por el proyecto que Cristo vino a enseñarnos. Seguimos empecinados en nuestro instintos en nuestros egoísmos en nuestros intereses individuales. No estamos abonando para que se manifieste del don de Dios: "En espíritu y en verdad" en nuestra vida y en nuestro mundo.
El Salmo 171 que cantamos en la celebración con dos palabras no lo anuncia: justicia y paz, así lo dice: "Florecerá en sus días la justicia y reinará la paz, era tras era. De mar a mar se extenderá su reino y de un extremo al otro de la tierra".
San Pablo a los romanos, en su lectura abona en el presente tema del Reino, al infundirnos la esperanza cristiana, al decirnos: "Que Dios, fuente de toda paciencia y consuelo, les conceda a ustedes vivir en perfecta armonía [esperanza] unos con otros, conforme al espíritu de Cristo Jesús..." . Nuevamente sale a luz el tema del Espíritu.
Finalmente el evangelio de Mateo, nos narra un pasaje de la acción y de la actividad profética de Juan Bautista, que invita a la conversión, "...porque ya está cerca el Reino de los cielos". Esta nueva humanidad que no puede estar separada de la conversión, del cambio radical en la vida de cada cristiano. Significa que como cristianos debemos vivir haciendo obra buenas, dando un fruto. Ya esta preparación que se daba para el pueblo de Israel por parte del Bautista, era para recibir al Mesías al enviado por Dios que venía para salvar a su pueblo y que llegaría pronto. En palabras de Juan así manifestaba la acción mesiánica de Cristo: "Él los bautizará en el Espíritu Santo y su fuego". Vale decir, les dará una impronta de hombres nuevos con su espíritu nuevo para que vivan la plenitud del Reino de Dios entre ustedes.
Por ello en este presente segundo domingo de adviento la propuesta de Jesús hoy es:
+Volver como cristianos a la acción del Espíritu, que sólo con él podremos transformar nuestra vida (conversión) y podremos cambiar nuestras comunidades (Iglesia) y la sociedad en general.
+Ir haciendo esfuerzos por convertir nuestra vida en el día a día; ya empezar a dejar de lado ese hombre "viejo" e irnos revistiendo del hombre "nuevo", como no lo dice San Pablo, a fin de estar a la altura de las expectativas que nos pide el establecimiento del Reino de Dios entre nosotros y con ello la eminente venida de Jesús a nuestra vida.
+Poner en practica aquellas intenciones nobles o buenas que hemos tenido para con algún familiar, amigo o colega para de esa manera ir abonando esa atmósfera de armonía, paz y justicia que necesita nuestro ambiente en el cual nos desarrollamos.
De tal manera, que nos toque la expresión de Juan Bautista con las siguientes palabras: "Hagan ver con obras su conversión y no se hagan ilusiones pensando que [con ser católicos] tienen por padre a Abraham" [ya cumplieron o se salvaron].

Es sin duda una esperanza y confiar en la dulce espera del Señor que nos dice , ! Vengan a mi los que tienen hambre y sed, los pobres y marginados! Confiar en el Señor y no temer pues el viene a traernos paz y amor ...
ResponderBorrar