13.01.16
Lucas: 3, 15-16. 21-22.
“…Jesús
fue bautizado, mientras éste oraba, se abrió el cielo y el Espíritu Santo bajo
sobre Él en forma sensible, como de una paloma,
y del cielo llegó una voz que decía: “Tú eres mi Hijo, el predilecto; en
ti me complazco”.
La fiesta del Bautismo del
Señor, es la última con la que cierra este tiempo especial de gozo y de alegría
que es la Navidad. Mañana regresaremos litúrgicamente al tiempo ordinario. Pero
antes, este día, la Iglesia nos invita a algo concreto al celebrar en esta
fiesta. A que no nos quedemos los cristianos
con la religión del Bautista. Dado que hemos sido bautizados con “agua”, pero
que no conocemos todavía el bautismo del “Espíritu”. Es decir, lo que
necesitamos todos, es dejarnos transformar por el Espíritu que desciende sobre
Jesús.
Por eso hagamos de
nosotros el Espíritu de Jesús que nos invita:
+Ser dóciles al Espíritu,
buscando la transformación de nuestras relaciones sociales y familiares; en el
diálogo y la comprensión para establecer un entorno más humano y más fraternal.
+Empezar a poner un poco
más de atención a nuestra vida de fe, no viviéndola de manera rutinaria,
carente de Espíritu, sino vivificándola. Para ello, comenzar por reanimarla pensando un poco más en Dios
cada día, y platicar con él (oración).
+Apoyar con algún
servicio, aun que sea sencillo, en alguna organización social que busque el
bienestar de la comunidad, o en algún grupo parroquial o de la iglesia que nos
anime a vivir nuestra fe, dando los frutos del Espíritu que nos anima.

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